Estamos entrando en unos tiempos en los que las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) están rompiendo las barreras del espacio y del tiempo, modifican el modo de relacionarnos, acumulan una inmensa cantidad de información, provocan todo tipo de estímulos e integran un innumerable número de recursos.
Estamos en una sociedad compleja, cambiante, en la que podemos destacar, como aspectos que inciden en la consideración del tiempo escolar, la incorporación sistemática de la mujer a la vida laboral, el predominio de familias nucleares y monoparentales, la heterogeneidad de los horarios laborales, la demanda de una educación de calidad por el aumento del nivel de vida y de las expectativas, la multiculturalidad con sus distintas percepciones del tiempo etc. El tiempo ya no puede pensarse de la misma manera que antes, hay que adaptar los ritmos y secuencias del tiempo a las nuevas necesidades educativas y sociales, que surgen de los cambios indicados. Digamos que las decisiones que se tomen deben tener en cuenta variables que superan el contexto del centro.
En casi todos los países se está produciendo en estos años una tendencia a trasladar los principios neoliberales del ámbito económico al educativo. Se van traspasando las responsabilidades de gestión, tanto en su funcionamiento como financieras, a la propia comunidad escolar.
En los últimos 60 años contamos con investigaciones consistentes sobre liderazgo en diferentes ámbitos, tanto en el marco de las organizaciones comerciales y económicas como en las empresas de servicios, ya sean del ámbito de la salud, educativas u otras. Desde las primeras investigaciones sobre liderazgo allá por los años 30 hasta los tiempos actuales ha pasado mucho tiempo y ha variado enormemente el contexto en el que se mueven las organizaciones.
Hace ya más de 30 años Everett Reimer escribió su famoso libro “La Escuela ha muerto, alternativas en materia de educación” (1973) que en aquella época se consideró revolucionario y utópico. Hay que recordar que en los años 70 se estaba intentando que la educación básica llegara a un estrato de población más amplio, se trataba de llegar a la escolarización universal como logro social. La educación se consideraba como un derecho básico y universal
La educación en nuestros días vive inmersa en un escenario muy complejo y en constante cambio. Podríamos hacer referencia a dos variables -complejidad y cambio- para caracterizarla de algún modo. Hace unos años el alumnado era seleccionado ya desde la enseñanza secundaria, los valores de referencia eran claros bajo una cultura cristiana-occidental con todas sus connotaciones, las aulas reflejaban una cierta homogeneidad, la autoridad y disciplina no era discutible, el profesorado disponía de un rol claro como instructor, su consideración era importante y la competitividad no se consideraba algo esencial.
Cuando va llegando el verano nos cansamos de oír noticias en torno a pateras que llegan a nuestro país de forma incontrolable con numerosos inmigrantes que tratan de buscar un futuro más halagüeño del que disponen en sus países de origen. Es obvio que nuestro país se está convirtiendo poco a poco en una sociedad multicultural, siguiendo las pautas del resto de países de nuestro entorno, aunque con algún año de retraso. No es necesario insistir en datos acerca de una realidad incuestionable.
Mucho se habla de violencia en la escuela en los últimos tiempos tanto entre los propios alumnos como hacia los profesores y hacia el propio centro. La página web del Departamento de Educación del Gobierno de Aragón (http://www.educaragon.org) recoge algunos testimonios reales en torno a esta realidad: «Me llamo Pedro y soy alumno de 3° de ESO. Hace más de dos semanas que un grupo de compañeros de mi clase me insulta. Se ríen de mí y, alguna vez, me han quitado cosas. Por las noches duermo mal y tengo miedo de ir a clase. ¿Qué tengo que hacer?».
Estamos viviendo en una sociedad que si se caracteriza por algo es por los cambios rápidos y radicales que se producen en su desarrollo. La distancia entre generaciones se va produciendo en grupos de edad cada vez más próximos. Las referencias culturales y de valores se van modificando en plazos más breves de lo habitual. Hablar, pues, del futuro de la educación significa plantear aquellas variables alrededor de las que va a girar la educación y que percibimos ya con claridad cuáles van a ser y por donde van a ir las tendencias, aunque las consecuencias y las transformaciones que provoquen en la propia sociedad siguen siendo una incógnita.