Los Intocables en España
En España hay determinados estamentos que son intocables. Es una terrible afirmación con la que cada día estoy más convencido, a la luz de determinados hechos.
En España hay determinados estamentos que son intocables. Es una terrible afirmación con la que cada día estoy más convencido, a la luz de determinados hechos.
Si han leído mis artículos últimamente, sabrán que me he pronunciado en varias ocasiones acerca de la situación de Cataluña y su continuidad en España. Así las cosas, la reciente decisión del Tribunal Constitucional de suspender la consulta prevista para el 9 de noviembre sobre dicha permanencia sería una buena percha para retomar el tema, pero resulta que, pese a que los grandes medios se hayan sentido más atraídos por la cuestión secesionista, el mismo día que se pronunciaban los altos magistrados, Cáritas arrojaba un dato escandaloso, más de 2,5 millones de personas en España necesitó en 2013 atención de esta ONG.
Los últimos datos aportados por la Comisión Europea acerca del Programa Erasmus contienen, al margen de otras cifras más relacionadas con la economía, una estimación de que alrededor de un millón de niños ha nacido de parejas surgidas de uno de estos intercambios estudiantiles en los 27 años que lleva en funcionamiento. Un millón de razones para seguir defendiendo una iniciativa tan denostada por algunos.
Ha tenido suerte el primer ministro británico con el resultado del referéndum en Escocia. Él ha sido desde el principio el principal opositor a la independencia de esta región, y sin embargo, permitió la salida de las urnas, a pesar de lo caro que pudo salirle. ¿Por qué lo hizo entonces? Su respuesta: «ante todo soy un demócrata». Suerte que en Gran Bretaña la democracia no es inconstitucional.
El 11 de septiembre ha sido una vez más una fecha de conmemoraciones. En Chile, el vil derrocamiento del presidente Salvador Allende por parte del ejército comandado por Augusto Pinochet; en Estados Unidos, el salvaje atentado terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono, y en Cataluña, la derrota y capitulación de Barcelona frente a las tropas de Felipe V de Borbón en la Guerra de Sucesión Española, un hecho histórico que ahora más que nunca sirve a los nacionalistas catalanes para mostrar su fuerza y exigir una consulta por la independencia.
Son varios ya los meses en los que Magaluf (localidad perteneciente al municipio mallorquín de Calviá) se ha convertido en el pozo negro y la vergüenza de España.
Nadie duda de que cualquier Estado tiene el derecho y el deber de proteger sus fronteras, pero cuando la forma en la que lo hace es indigna, por mucho que sus dirigentes digan lo contrario, corre el riesgo de indignar a su sociedad.
“Con las maletas bien repletas de pesetas, vuelo a Lausana una vez a la semana, pequeñas sisas pa’ que viajen mis divisas, que siempre el capital es internacional, ser patriota no es sinónimo de idiota, yo la bandera la llevo en la billetera, me da canguelo si me huelo algún revuelo y me sienta fatal la reforma fiscal”, así empieza ‘Ay Suiza, patria querida’, compuesta por el cantautor Luis Eduardo Aute en 1976, aunque, casi cuarenta años después, conserve toda su actualidad.
En plena escalada de violencia en Tierra Santa, Televisión Española ha emitido este domingo ‘El Reino de los Cielos’, una superproducción cinematográfica con sus licencias y anacronismos históricos, pero técnicamente impecable y estupenda para acercar al profano a lo que fueron las Cruzadas y comparar el odio que brotaba entonces en Oriente Próximo y el que brota hoy en día.
No me refiero a aquellos que reinaron en Italia hasta la proclamación de la república en 1946, ni tampoco se trata de una cruel alusión a la nefasta actuación de la selección azzurra en el Mundial de Fútbol (sólo comparable al ocaso de la todopoderosa Roja). Me estoy refiriendo a una circunstancia que se ha repetido en todos y cada uno de los reyes de España que han nacido en suelo italiano: ninguno de ellos ha muerto en el trono, sino que antes abdicaron su corona.