¡Pobre Andalucía!
Cuentan que cuando Dios creó el mundo, trató de ser lo más justo posible y repartir bondades e inconvenientes para con todos los pueblos y establecer un equilibrio razonable entre ellos. Sin embargo, enamorado de Andalucía, la dotó de tantas prerrogativas: clima, mares, orografía, belleza y salero, que hicieron palidecer a los demás pueblos. Así que se congregaron para reclamar al Señor mayor ponderación al respecto. El Creador escuchó a todos y tratando de encontrar un inconveniente que nivelara la balanza, puso en la Tierra a los señoritos andaluces.