El deseo de control masculino se instala en los genes de las mujeres y pasado el tiempo se toma como norma que el hombre, en su momento, impuso. Hay que analizar el poder de género y como actúa en la población (sólo en la mitad) haciendo uso de la sumisión al varón y a los dictados de religiones que, al unísono, actúan para que las voluntades queden anuladas por la fuerza.
He sido testigo, como antropólogo que soy, de múltiples vivencias relacionadas con las costumbres que atentan contra la libertad de las mujeres y así he comprobado el poder de la mirada que anula y acalla las respuestas. He podido observar como el hombre reía, mientras otro le fotografiaba, y a su lado su esposa cubierta de pies a cabeza con un denigrante burka y me pregunté: ¿Estará riendo o llorando, será su esposa o su amante? No se pueden comprobar las respuestas faciales y los sentimientos. En otra ocasión le pregunté a una amiga sobre la cuestión y me contestó yo me lo pongo (en esta ocasión se refería al velo) porque quiero pero al día siguiente fuimos a la playa, alejada de su hogar y de las miradas del padre y hermanos, y su comportamiento fue otro muy distinto pues en ningún momento usó el velo, su cara reflejaba la liberación y alegría que en su hogar no mostraba.
Me aterra escuchar a mujeres, alejadas de las crudas realidades, que no saben lo que es el sufrimiento en propia carne y a las que las costumbres perciben sin un análisis profundo; a las que ignoran que en muchos países sus iguales son meros objetos que no tienen ningún derecho; que no son juzgadas con equidad e igualdad y que están expuestas a los caprichos y a todo lo que el hombre (no podemos olvidar a los hombres que exponen sus vidas para luchar contra esa barbarie) desee de ellas. El burka, el niqab y, en menor medida, el velo son constructos hechos por el que ostenta el poder para diferenciar a los unos de los otros y por tanto es una desigualdad y un sometimiento que no se sostiene.
Cuando se habla de cualquier costumbre que sólo se imponga a una parte de la población estamos hablando de injusticia y sometimiento y eso no es deseo, no es libre decisión, sino que es costumbre ancestral que da satisfacción a la tiranía y al poder desmesurado de un género sobre otro y eso sí que debe hacer reflexionar a quienes levantan sus voces para defender una injusticia que no tiene razón de ser.
Autor Juan Francisco Santana
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