Todos los organismos crean, con sus necesidades y actividades acorde a una red de transmisión de energía única, a través de la alimentación de unas especies con otras (se comen a otro y al hacerlo introducen moléculas que aportan energía al cuerpo). Aunque este tipo de transmisión de energía de un nivel más bajo en la red, a un nivel más alto, es solo del 10% de la energía total contenida en el organismo comido, por lo cual mientras más arriba estemos en la red tendremos que ser poblaciones más pequeñas si queremos satisfacer nuestros requerimientos nutricionales.
El análisis de costos de vida para los depredadores de niveles superiores se refleja en sus tamaños poblacionales y la tasa de sobrevivencia. Ya que en cada paso de una cadena inferior a una superior se pasa solo el 10% de la energía, los depredadores de más arriba obtendrán menos energía útil al comerse al organismo inferior y tendrán que consumir más para completar sus requerimientos, ocupando más territorio en el que puedan hallar más presas.
Ahora, si extrapolamos la lógica al consumo humano podemos comprender como una dieta basada en plantas nos resta gastos energéticos tanto a nosotros como a los organismos que están de por medio cuando consumimos carne. Los veganos consumen al más bajo nivel trófico posible cuando se comen a los productores primarios (plantas), mientras que los que comen carne, se comen a los consumidores primarios en una amplia variedad (aves, mamíferos, reptiles, entre otros). Esto solo se traduce en una gran cantidad de energía que debe generarse, dentro de las mismas granjas, áreas agropecuarias de criadero de animales y agricultoras de crecimeinto de plantas que alimentarán a esos consumidores, incluso se trata de la energía invertida por los granjeros y agricultores (sin contar la invertida en cadena de transformación de la carne). Toda esa energía se resumirá en carne con valores nutricionales incompletos, que se terminarán complementando con otros alimentos como frutas y verduras. Es decir, incluso en esta situación donde se tiene controlada y dirigida la alimentación y crianza de consumidores primarios (no pierden energía en buscar alimento, refugio o huir de depredadores toda su vida), la energía contenida dentro de su carne, no se transmite en un porcentaje suficiente al siguiente nivel trófico que somos nosotros los humanos en este caso.
En cuanto a los requerimientos nutricionales y las formas en que ambos tipos de dietas las sustentan, también se puede resaltar que en su mayoría las vitaminas, minerales, antioxidantes , fibra, entre otros, se hallan solo en plantas. Estos se alcanzan en los platos de los consumidores de carne, gracias a la cadena trófica (los animales lo obtuvieron de las plantas y lo integraron a su cuerpo el cual es consumido), y por lo tanto incluso en una dieta netamente carnívora, no se prescinde del consumo de energía y nutrientes provenientes de plantas.
El mecanismo de utilización al límite, de los ecosistemas para la producción de alimento carnívoro, puede no estar bien justificado cuando hablamos de costo beneficio en líneas tróficas, y más bien traen más riesgos de desestabilización de estos hábitats y redes, sin los cuales ningún humano podrá alimentarse. El consumo consciente de alimentos, que no dañan el medio ambiente ni maltratan a los animales, es un método de alimentación humana sostenible en el tiempo, que debe ser tomada en cuenta a la hora de querer preservar ecosistemas importantes para mantener la vida en la tierra.
Bibliografía
- Paruelo, J. M., & Batista, W. (2006). El flujo de energía en los ecosistemas. Fundamentos de ecología. Su enseñanza con un enfoque novedoso, 97-115.
- Schinaider, A. D., da Silva, L. X., da Silva, M. A. C., & Schinaider, A. D. (2020). Qual a influência do veganismo no setor agroalimentar?. Revista em Agronegócio e Meio Ambiente, 13(1), 11-33.
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