1

El invierno del desierto de Atacama es caluroso el rato ‘con-sol’. Y helado, casi el bajo cero grados centígrados, cuando la ‘sin-sol’.

2

Por acà en lo andino de la América (que debió siempre nombrarse “Colombia”), la que va larga de la Tierra -como que “de-polo-a-polo”-, en bajando de algunas de las tierras más altas donde los humanos han construido ciudades con afanes imperiales –los más de cuatro mil metros de Tiwanaku, en la Bolivia actual (por ejemplo)-, se abre hasta el mar, a las pupilas de los que lo quieren ver, el hermoso, in/finito y variado desierto de Atacama.

Y en uno de sus rincones supuestos, pues aquí es pura pampa sin los límites que gustamos poner en las cosas nosotr@s habitantes raros pues en solo dos piernas, encontramos un extraño bosque natural de tamarugos. Para vivir ellos sus territorios desarrollaron, con ayuda y beneplácito de la Pachamama, unas raíces que descienden, pensamos, hasta màs de cien metros abajo hasta encontrar ese elemento básico de la vida biológica que nombramos “agua” –y que no se da en las pampas superficiales por centenares de kilómetros, de Los Andes al Pacìfico, y del Perú hasta el río Copiapò.

3

En otros tiempos (¡vaya qué otros!), una Ñusta bella princesa de los licanantay u otro pueblo, enamoròse de un blanco recién aparecido y, parece rubio español de espada y cruz.

Fue otra “traidora” de las razas antiguas y las pasiones humanas eternas –la otra fue mexicana, Malinche, y lo hizo con Cortez, el ambicioso soñador de otro imperio europeo que acabó con los aztecas apenas un poco màs lento que Pizarro con los Incas –Pizarro, el jefazo de Almeyda, ese rubio vuelto dorado en las pampas de Atacama que miró fuerte a la Ñusta.

En fin, después del lecho compartido de arenas marrones, la Ñusta, se dice, convirtiòse en “tirana” de su pueblo, al servicio de los egoísmos por “el oro” de su amado –“el oro”: ese nombre curioso para describir un modo de los éxtasis de estos blancos recién llegados esparciéndose por toda la Tierra.

4

Con el nombre: “16 de julio” de cada ciclo, los europeos trajeron el día de la Virgen del Carmen. In/maculada, diosa, casi transparente, desprendida incluso innecesariamente de un cuerpo impoluble –completamente idealizado en el sentido sintético de la “Idea” de Platón y del “Yahvé monoteísta” hebreo-, la del Carmen fue comprendida por los pueblos de Atacama, en un juego de espejos y laberintos, la misma que la animita de la Ñusta-Tirana del Tamarugal.

Y hoy, en el pueblo que nos trae su nombre: “La Tirana”, despertamos para celebrar otro de sus cumpleaños.

Hoy es 15 de julio de 2024 y amanecí en el punto exacto e inventado donde alguna vez a la Tirana finalmente un justiciero del pueblo la mató, y donde una cura católico puso una iglesia para marcar así otro pedazo de la Conquista de América-Colombia.

La Ñusta devino la Chinita –cuando el amor del pueblo atacameño la perdonó completamente-, pero igual La Tirana es también –y hegemónicamente-, la “Virgen del Carmen”.

Nos pasaremos todo el día bajo el “con-sol” del desierto bailándole a las dos. A mi ya me habían despertado los bombos por cientos que tronan la pampa desde la aurora. Con intervalos hipercontrolados por la jerarquía católica –donde hay misas y misas-, pocos dormirán esta noche del 15 al 16.

Bailar y bailar. Simples pasitos, a veces un poco “mecánicos”, estas gentes del desierto actual parece que danzan para confirmar su amor a las normas y convenciones. Necesitan la “devoción” –amor a la regla artificial hasta hacerla real.

Una ritualidad completamente social: sólo se mencionan ritualmente nombres humanos y de hechos humanos – de lenguajes, colectivos y seres especiales como dioses. Casi nadie menciona la palabra “desierto” –y menos aun los que dicen esta mera evidencia: <“el-sol-de Atacama” abrasador de la jornada>.

Danza colectivas, cofradías y estandartes en variaciones de lenguaje. Si hasta los “Diablos Sueltos” que se supone unos rojos personajes anarquistas y des-ordenados alborotadores, realizan sus “rebeldías” en pautas hipernormadas.

5

“Flota en el ambiente” una curiosa indiferencia de todo lo de herencia occidental. Los rezos se repiten, no mecánicamente, sino “de memoria”. Incluso se baila horas y horas “como indiferentes”.

Y es que todo parece un llamado secreto a los éxtasis del desierto. La transpiración de danzantes –hembras y machos de todas las edades mezclados-, bajo el estìmulo al bajo vientre de los bombos y la estridencia, que quiere “in/consciencia”, de los bronces y trompetas, opera, diríamos, como rayos de sol redirigiéndose en deseos humanos

Apenas el cura dice: “Id en paz, la …”, de los cuatro costados de La Tirana truenan las mùsicas que vienen a recuperar la plaza del pequeño pueblo –casi deshabitado del resto de los días del siclo anual.

Acà, a este rincón secreto en la pampa de los tamarugos, vienen los pueblos a un ritual de entrega. “Es la vida que los alcanza” –como canta la argentina Sandra Mihanovic desde 1982. Y ellos solo quieren ser alcanzados –no para el “bienestar material” y el “progreso espiritual-racional” de los modernos, sino para el deshacerse –por un día- de la vida de las normas de todos los días.