Con solo el 16 por ciento de la superficie terrestre, la región contiene el 50 por ciento de la biodiversidad conocida del mundo, el 25 por ciento de todos los bosques y el 30 por ciento de toda el agua dulce. Tan solo el bioma amazónico alberga la mitad de los bosques tropicales del mundo y concentra al menos el 10 por ciento de la biodiversidad conocida.

En promedio, esta es la región más rica en agua, ya que presenta una disponibilidad cuatro veces mayor que la media per cápita del mundo. Es, además, una región diversa en lo cultural y socioeconómico, donde viven 42 millones de indígenas que hablan 560 lenguas propias.

Hoy, la pérdida de biodiversidad está aumentando a un ritmo alarmante. La manera en que estamos utilizando los recursos naturales para la alimentación y la energía está llevando a la biodiversidad a condiciones críticas.  

Es crucial actuar ahora para restaurar nuestra biodiversidad 

La naturaleza ofrece medios de subsistencia sostenibles para las poblaciones locales y servicios ecosistémicos vitales para la región y el mundo, como el suministro de oxígeno, aire y agua limpios, alimentos, polinización de plantas y protección contra fenómenos meteorológicos extremos.

Las comunidades pobres suelen depender directamente de los recursos naturales para su subsistencia. En Colombia, por ejemplo, la agricultura y la pesca generan el 14 por ciento del empleo. En el Caribe, el sector pesquero emplea directa e indirectamente a más de 300 000 personas y contribuye en gran medida a los ingresos nacionales.

En conjunto, los cambios en el uso de la tierra, el cambio climático, la sobreexplotación, la contaminación y las especies invasoras, impulsados principalmente por actividades humanas, ponen en peligro la biodiversidad de la región. En los trópicos, donde se registran los niveles más altos de biodiversidad del planeta, se han observado las mayores pérdidas de ecosistemas intactos: entre 1980 y 2000 se perdieron 100 millones de hectáreas de bosques tropicales, de los cuales 42 millones corresponden a América del Sur.

La pérdida de biodiversidad tiene un efecto económico y social significativo en el mundo, pero especialmente en los países de ingreso bajo y mediano.  Si las actividades continúan como hasta ahora, entre 2021 y 2030 el mundo podría perder alrededor de 46 millones de hectáreas de tierra natural debido a la conversión a usos productivos, impulsada principalmente por un aumento en la cantidad de bosques, pastizales y tierras de cultivo sometidos a la gestión humana. Se prevé que América Latina perderá 12 millones de hectáreas de tierra natural durante el mismo período. Esto acelerará la pérdida de biodiversidad y la generación de servicios ecosistémicos para respaldar los medios de subsistencia del planeta.

Las perspectivas de los países en desarrollo de salir de la pobreza gracias al crecimiento podrían peligrar si se alcanzan ciertos puntos de inflexión ecológicos. Según un informe del Banco Mundial, en un escenario en el que solo colapsan unos pocos servicios ecosistémicos vitales, como la polinización, la pesca y el suministro de madera de los bosques nativos, la región de América Latina y el Caribe podría sufrir una pérdida anual del 3,3 por ciento del producto interno bruto (PIB) para 2030, en comparación con una situación hipotética en la que no se alcanza ningún punto de inflexión.

Soluciones basadas en la naturaleza para abordar la pérdida de biodiversidad 

Las soluciones basadas en la naturaleza constituyen un enfoque en el que los sistemas naturales se utilizan para proporcionar servicios esenciales y abordar los desafíos del desarrollo. En esta categoría se incluyen distintos tipos de intervenciones, como humedales para la mitigación de inundaciones o manglares para reducir el impacto de las olas, las marejadas ciclónicas y la erosión costera y, al mismo tiempo, restaurar la biodiversidad y aumentar el secuestro de carbono.

El Banco Mundial promueve este tipo de soluciones, ya que podrían aportar el 37 % de la mitigación climática eficaz en función de los costos que se necesita hasta 2030, a la vez que se protegen y restauran los ecosistemas.

Para lograr una acción transformadora eficaz y sostenible, será necesario contar con los pueblos indígenas y las comunidades locales como parte integral de las soluciones basadas en la naturaleza.  Gracias a sus conocimientos y prácticas tradicionales, estos actores son clave para resolver la pérdida de biodiversidad.

Los territorios gestionados por pueblos indígenas se caracterizan por una mejor salud de los ecosistemas y mayores niveles de biodiversidad. En parte, la solución al desafío de la biodiversidad provendrá de medidas normativas, mecanismos de gobernanza e inversiones para mejorar y ampliar dichos territorios.

Medidas para ayudar a la región a prevenir una mayor pérdida de biodiversidad 

El Banco Mundial asumió el compromiso de abordar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad como parte de su tarea de ayudar a la región a combatir la pobreza e impulsar la prosperidad compartida. Entre otros proyectos, el Banco dirige el Programa Paisajes Sostenibles de la Amazonía, uno de los mayores programas implementados en esa región, con USD 203,7 millones en financiamiento en forma de donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF).

El programa incluye proyectos nacionales ejecutados en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Suriname, y un proyecto regional destinado a promover la coordinación y la gestión de los conocimientos. Su objetivo es mejorar la gestión integrada de los paisajes y la conservación de los ecosistemas de la Amazonía a través de las siguientes medidas:

  • Mejorar la gestión de 87 millones de hectáreas de zonas protegidas de gran biodiversidad (un poco menos que el tamaño de Venezuela)
  • Recuperar más de 48 000 hectáreas de tierras degradadas
  • Promover prácticas que respeten la biodiversidad en casi 4 millones de hectáreas (aproximadamente el tamaño del estado de Río de Janeiro)

El Banco Mundial está ayudando a las comunidades rurales de Argentina a mantener y utilizar unas 200 000 hectáreas de bosque nativo.  

Como resultado, más de 1000 agricultores que viven en áreas naturales protegidas y sus alrededores —de los cuales, el 45 por ciento son mujeres y el 42 por ciento forman parte de pueblos indígenas—, están mejorando sus medios de subsistencia gracias a la producción de miel de abejas nativas, la cría de ganado más sostenible y los servicios de turismo basado en la naturaleza.

Este esfuerzo ha promovido la conservación y la resiliencia climática de más de 870 000 hectáreas de ecosistemas vulnerables, como la estepa y la costa patagónicas y el bosque del Gran Chaco.

Estos son ejemplos de cómo podemos integrar la naturaleza y el desarrollo para restaurar y proteger nuestros hogares, nuestros países y el planeta. Si hacemos nuestra parte hoy, la naturaleza nos recompensará con aire más limpio, más agua dulce y un mundo mejor para las generaciones futuras. ¡Es hora de devolver a la naturaleza algo de lo que nos da!