Tenía muchas ganas de que la gente supiera que había nacido al otro lado del océano y, de esta manera, confirmar su deseo de traspasar las fronteras nacionales con su literatura y, por supuesto, con sus ideas. Calvino no solo fue un amante de los viajes que, según él y todos lo sabemos bien, aumentan y enriquecen la personalidad y la mente del ser humano, sino que también fue un hombre amante de las innovaciones ideológicas y lingüísticas, que no se detuvo en una idea, sino que, por el contrario, la sopesó y la desarrolló.

En la práctica, Calvino tenía dos necesidades, la de solidificar la relación con su tierra natal, la de sus raíces, Italia y la de solidificar la relación con esa tierra que lo vio nacer y de la que quedó cautivado no solo en lo profesional, sino también en lo personal como América Latina.

Dice: “De mi nacimiento en el extranjero conservo sólo un complicado dato personal […], cierta riqueza de recuerdos familiares, y el primer nombre que mi madre, esperando hacerme crecer en una tierra extranjera, quiso darme para que no olvidara la patria de los antepasados, y que en cambio sonaba beligerantemente nacionalista”. (Cuadernos Complutense).

Escritor italiano, Italo Calvino es considerado uno de los grandes autores italianos del siglo XX, siendo autor tanto de novela como de relato y ensayo.

Nació en Cuba debido al trabajo de su padre como ingeniero agrónomo, pero apenas dos años más tarde su familia volvió a Italia, estableciéndose allí definitivamente. Con el comienzo de la II Guerra Mundial. Calvino fue llamado a filas, pero sus convicciones políticas le llevaron a desertar y entrar a formar parte de las Brigadas Partisanas Garibaldi. Tras el conflicto, Calvino comenzó a trabajar como periodista mientras estudiaba Literatura y pronto pasó a trabajar dentro del mundo editorial. Calvino siguió siendo muy activo políticamente y se afilió al Partido Comunista, del que se desvincularía a finales de los años 50. Calvino inició su camino en la escritura dentro del neorrealimo italiano, luego se acercó al fantástico con una gran dosis de poesía y mensaje alegórico. Además, escribió varios textos sobre el discurso filosófico y en los años 60 su obra explora lo psicológico y lo surreal. En los 70 se ve atraído por la sociología y publicaLas ciudades invisibles.

Italo Calvino murió en Roccamare en 1985 tras sufrir un ictus cerebral.

En una entrevista podemos leer cómo Calvino definió su proceso creativo: “Hablaría de mi proceso creativo como de una serie de cambios de rumbo para decir algo que con el planteamiento anterior no hubiera podido decir” (Corti 1986: 48 – Cuadernos complutenses). Y, de hecho, con sus escritos innovadores, el autor ligur se adentra en el alma humana, a menudo poniendo de relieve el malestar del hombre contemporáneo, desarrollando un discurso propio, único y nuevo, siguiendo nuevos caminos.

Calvino con su capacidad creativa logra estar siempre atento al mundo que le rodea, superando los límites de la diversidad lingüística y cultural. Y, gracias a su forma de escribir, que también ha traspasado las barreras lingüísticas, Calvino ha encantado a muchos autores, editores, ilustradores, traductores que han querido, de alguna manera, rendir homenaje a su personalidad, a sus ideas, y así, han transmitido su obra de una manera diferente.

No podemos evitar rendirnos ante la genialidad artística de Calvino, luchando e involucrándonos para interpretar las obras calvinianas, transmitiéndolas en las formas y maneras más adecuadas según nuestra manera de ver y sentir. En la época de Calvino se puede decir que un papel fundamental para la difusión de sus textos en español lo jugó quien tradujo esos textos: uno de sus traductores fue su esposa Esther Judith Singer, traductora argentina conocida como Chichita Calvino. Las traducciones fueron decisivas por la publicación de sus textos en América Latina. La mujer protegió esos textos y también las obras inéditas para su adecuada difusión. A ella le debemos la publicación de la enorme obra póstuma, que es el aporte más valioso para los lectores de Calvino.

Ella dijo: “Que sería poco generoso, e incluso absurdo, privar al público italiano de estos textos. En estos cajones están las piezas del rompecabezas de una vida dedicada a la literatura. Ya no puedo volverme atrás, soy una mujer paciente y decidida” (Singer 1991): así responde Esther Singer cuando le preguntan si está segura de que a Calvino le hubiera gustado publicarlas. (Cuadernos complutenses).

Así Calvino se encontró publicando sus libros en el extranjero, primero en Argentina y luego en España. Su primer libro en ser traducido y publicado en español en Argentina fue “El sendero de los nidos de araña” en 1956, el mismo libro que le dio a leer a su madre Evelina Mameli Calvino más de diez años antes y luego en 1947 se publicò en Italia. Pero, en su momento, su culta madre, quien era una renombrada botánica y había publicado muchos libros en su especialidad, luego de analizar el libro de su hijo quien era un estudiante mediocre de la Facultad de Agricultura, le dijo: “Es mejor que sigas estudiar y te gradúes”. La descripción de este momento que encontré navegando por la web nos hace reflexionar sobre la practicidad de una mujer que quería un lugar seguro para su hijo y tenía miedo a lo desconocido que, por el contrario, tanto atraía al escritor. Calvino, al repasar esa escena y otras escenas de su vida con su madre, poco a poco se dio cuenta de que su madre tenía tendencia a insertar palabras en español en sus diálogos con él. Seguramente por eso, al final, Calvino se sintió atraído por este idioma y no pudo evitar anhelar que sus libros se entendieran tanto en español como en italiano.

“El sendero de los nidos de araña” se publicó en Argentina, y allí tuvo terreno fértil, porque representó una obra de gran verdad histórica para el pueblo argentino, afligido por el mismo drama que escenifican las páginas de Calvino. En ese momento, había un clima de tensión social en Argentina y la historia de Calvino y el mundo de los guerrilleros les parecía ser contemporánea a su mundo, un mundo de miseria y redención.

Calvino debutó en suelo español en la primavera de 1959. Aquellos años, tanto en España como en Italia, estuvieron marcados por el cambio en el sector editorial que se transformó radicalmente, comenzando a gestarse con mecanismos industriales y comerciales. Hacer literatura en ese sistema social en plena evolución significaba embarcarse en un desafío en el que la realidad y las profundidades del hombre chocaban para que brotasen perlas vigorosas de la palabra escrita.

Calvino se aventuró en lo fantástico, luego volvió a lo real que alimentaba el alma y luego se volvió más combativo y dulce, como era su naturaleza, un poco fuera de tiempo y que a los vecinos españoles les encantó porque reconocieron en su escritura un espejo en el que reflejarse en el panorama nacional. Con mucho retraso en comparación con los “parientes hispanohablantes” de ultramar, las obras de Calvino comenzaron -en 1970- a circular en España aun con gran dificultad. Su primera obra publicada en castellano fue “El barón rampante”. Hay que decir que esta no fue la primera obra que llegó al terreno español, pero sí la primera en español, ya que otras obras estuvieron traducidas, unos años antes en catalán. Así que ya circulaban unas ediciones catalanas de algunas de sus obras, teniendo en cuenta su amistad con Barral, uno de los editores catalanes más potentes de la época.

“Las Ciudades Invisibles” se tradujeron y publicaron por ver primera en español con la 1ª Edición. Edhasa, Barcelona, ​​1984 y Aurora Bernárdez fue la traductora.

Con este libro de gran actualidad, podemos vislumbrar choques sociales fundamentales: ¿cuáles son los desafíos que a los que nos enfrentamos en una ciudad contemporánea? El problema ecológico por ejemplo, la altiva tecnología y las grandes ciudades inhabitables. El mismo Calvino decía que “no podemos dejar de buscar la ciudad utópica, aunque no seamos capaces de encontrarla”. Para encontrarla, es fundamental comprender la complejidad de los sistemas urbanos, la fragmentación de espacios, funciones, segregación social… y sus relaciones con el entorno en el que se ubica.

No puedo seguir más, porque podríamos estar horas analizando este libro y no es de mi competencia en este momento. Pero con estas breves consideraciones quisiera subrayar el alcance de este autor italiano que sigue siendo de gran actualidad. De hecho, las numerosas ediciones, reimpresiones, evoluciones ajenas al texto original pero a ello inspiradas y relaciones con los traductores son el signo de un proceso editorial que encuentra pleno desarrollo especialmente después de la muerte de Calvino. Con todas las nociones y los escritos que nos han llegado hasta hoy, podemos decir que el retrato de Calvino está completo: como hombre, como escritor y como editor.

En España, como sabemos, no solo hay castellano y catalán, también hay otras lenguas y al parecer hay perspectivas de futuro de ver la obra de Calvino traducida también al euskera y al gallego.

 

Autora Elisabetta Bagli