Bautizada así en honor a la patrona de los navegantes venerada en Sevilla, Santa María del Buen Aire, la ciudad ha sufrido innumerables avatares históricos que la llevaron a la destrucción y reconstrucción en diversas ocasiones y así tras una primera “refundación” por Juan de Ayolas, el siempre polémico Domingo Martínez de Irala ordenó su abandono y destrucción, pero Juan de Garay volvió a refundar la ciudad en 1580.

Tras las desastrosas expediciones de Juan Díaz de Solís (1515) y Sebastián Caboto (1525) al Río de la Plata, el onubense Diego García consiguió por primera vez que una expedición tuviera éxito en la zona, lo que animó al emperador Carlos I a otorgar en 1534 una capitulación a favor de don Pedro de Mendoza para «Con-quistar y poblar las tierras y provincias que hay en el río de Solís que llaman de la Plata, donde estuvo Sebastián Caboto, y por allí calar y pasar la tierra hasta llegar a la mar del Sur». Con la escasa información obtenida hasta ese momento, las Capitulaciones conjeturaban que el Río de la Plata y el Paraná podrían constituir una entrada al Pacífico y que aquel territorio era la entrada a la región del oro.

Representación de la primera misa que tuvo lugar en Buenos Aires.

Al noble granadino Pedro de Mendoza se le concedían los títulos de adelantado, capitán general y justicia mayor del Río de la Plata y quedaba obligado a la conversión de los indígenas que llevaría a cabo conforme a las normas de las ordenanzas de Granada, según las cuales toda acción en las Indias debía quedar subordinada al buen trato de los indígenas y su conversión a la fe católica.

La expedición

En agosto de 1535 partió de Sanlúcar de Barrameda la expedición de Mendoza con 11 naves en las que viajan 1.300 personas, destacando entre ellas Juan de Ayolas, futuro explorador en el Paraná, Rodrigo de Cepeda, hermano de Teresa de Avila, Juan de Salazar de Espinosa (fundador de Asunción en Paraguay), el futuro y discutido gobernador Domingo Martínez de Irala y el alemán Ulrico Schmidl, cronista no oficial de la expedición que después de regresar de la misma publicó en 1557 en Frankfurt, Viaje al Río de la Plata. Esta armada será calificada por Gómara como la del «mayor número de gentes y mayores naves que nunca pasó capitán a Indias».

La expedición comenzó mal puesto que Pedro de Mendoza se hallaba afectado por una sífilis tan avanzada que debió ser trasladado a bordo de la nave capitana en litera, debiendo mantenerse postrado durante todo el viaje, produciéndose como consecuencia de este vacío de poder una división entre los expedicionarios decantados por dos líderes opuestos: Juan de Ayolas y el capitán Juan de Osorio. Ayolas maniobró hábilmente y consiguió que Osorio fuese juzgado y condenado a muerte por Mendoza, quedando el burgalés como único y poderoso lugarteniente del Adelantado.

La fundación de Buenos Aires

En enero de 1536 la expedición llega al Río de la Plata, y ya en febrero fundaron un asentamiento al que dieron el nombre de la patrona de los navegantes venerada en Sevilla, Puerto de Santa María del Buen Aire. Sería la primera de las diversas fundaciones de la ciudad de Buenos Aires.

Dibujo de la recién fundada Ntra. Sra. María del Buen Aire (Buenos Aires) del libro de Ulrico Schmidl.

Sin embargo, el lugar elegido demostró pronto no reunir las condiciones apropiadas: carecía de piedras para las construcciones, y de alimentos para los expedicionarios que además sufrían los ataques de numerosas fieras. La necesidad se hizo tan acuciante, que fue necesario enviar una nave al Brasil en busca de provisiones, y poco después despachar una expedición al interior del Río de la Plata, para que de esa forma, al tiempo que exploraban, no fuese necesario hacerse cargo de su alimentación.

Hambre y asedio

Pero la situación de los hombres en Buenos Aires era insostenible y cundía el desánimo. Carecían de víveres y la tierra tampoco proveía. La caza resultaba difícil y los indígenas peligrosos. Una expedición enviada por Mendoza en busca de alimentos a orillas del río Luján fue atacada por un grupo de guaraníes muriendo algunos de sus integrantes y para colmo de males los indígenas comenzaron a los pocos días el asedio de la fundación de Buenos Aires. Mendoza seguía enfermo postrado en cama y sus hombres resistían el cerco dentro de la empalizada. Pero el hambre hacía estragos entre los sitiados. Martín del Barco alude a ella considerándola como «la más cruda hambre que se ha visto entre los cristianos» y Schmidl narra escenas de un realismo tremendo. Los pobladores de Buenos Aires, después de comer sabandijas, culebras y ratas,pasaron al cuero de las botas. Tres personas que comieron un caballo robado fueron ajusticiadas. Siguiendo a Schmidl, «esa misma noche otros compañeros se arrimaron a la horca y descuartizaron los cadáveres para comérselos».

Retrato al oleo de Pedro de Mendoza.

Pero como el hambre se apoderó también de los sitiadores, éstos se retiraron y cuando Mendoza preparaba una nave para regresar a España llegó la expedición de Ayolas en el mes de julio con bastantes alimentos, lo que animó al Adelantado a trasladarse al interior, abandonando Buenos Aires.

Muerte e instrucciones de Mendoza

Pero la inseguridad de Mendoza sobre su precario estado de salud le decidió a regresar a Buenos Aires y allí no pudiendo soportar los dolores y viendo cerca su final decide volver a morir a España. No lo conseguirá, morirá en la travesía del Atlántico y su cadáver será arrojado al océano.