Me encanta fotografiar. Un fotógrafo disfruta doblemente de lo que ve; no sólo en el momento en que lo vive y lo retrata, sino posteriormente, cada vez que lo revive a través de las fotografías tomadas. Porque una fotografía lleva siempre asociadas emociones y sensaciones irrepetibles que se quedan para siempre entrelazadas en la memoria de quien las toma.

Quiero compartir con los lectores de Otro mundo es posible mi mirada del paisaje asturiano a través de algunas fotografías tomadas a lo largo de los años. Además, incluyo un poema, fruto de otra de mis aficiones, la escritura.

Parque de La Fresneda (Siero)

Esta imagen fue tomada en La Fresneda, una urbanización tranquila en medio de la naturaleza, a pocos kilómetros de Oviedo. Sus extensas zonas verdes invitan a pasear y perderse en sus múltiples rincones, como este túnel que los árboles han ido formando con el tiempo de manera natural.

 

 

La Fresneda (Siero)

Con las nevadas, cada vez menos frecuentes en esta zona, el paisaje se vuelve mágico. Es un placer perderse a primeras horas de la mañana en su amplios campos blancos cuando lo único en movimiento es algún ave balanceándose en las ramas y el silencio es el sonido predominante.

 

 

Playa de San Antolín

De camino a Llanes, en la localidad de Naves, se encuentra la Playa de San Antolín, compuesta de arena blanca y grava y con 1200 metros de longitud. Su extensión y amplitud la convierten en una playa ventosa y con un fuerte oleaje y aún así, constituye un delicioso paseo.

 

 

Cabo Peñas

Situado en el Concejo de Gozón, estos acantilados de hasta 100 metros de altura están formados por rocas de cuarcita armoricana.

Forma parte de la Red regional de espacios protegidos de Asturias. Además, debido a la presencia de aves marinas nidificantes amenazadas en esta zona, se incluye de forma parcial en la lista europea de Zonas de Especial Protección para las Aves.

 

 

Villanueva de Pría

Este lugar parece pertenecer a otra época. Cuando uno se detiene a contemplarlo es como si se hubiera detenido el tiempo. No hay prisa; el ritmo lo marcan los cencerros de los caballos asturcones que allí pastan tranquilos, el graznido de algún ave, el croar de una rana, la brisa suave.

 

L’Angliru

Está situada en el corazón de la sierra del Aramo, en el límite de los concejos de Riosa y Quirós. EL ascenso deja vistas como esta.

 

Desde el mirador del Fito (Caravia)

 

RECUERDOS

Amante del orden,
en las tardes de otoño
me entretengo a menudo en ordenar recuerdos.
Tengo muchos criterios para hacer que parezcan
muchos, variados, nuevos.
Hay días de septiembre con sabor a vacío
en que los clasifico por olores
como aquel a jazmines en agosto
o el de las lilas del huerto de mi tía.
Otros, sin yo quererlo apenas,
se agrupan por colores mis recuerdos:
el bermejo, el añil y el beige de la escalera
los blancos y dorados de casas en hilera
y el negro de tu silencio aquel
sobre la arena.
Una noche me desperté de un sueño
en que soñaba
que agrupaba en racimos los recuerdos;
colgaban de mis años
un ramillete fresco de sus besos
sobre una almohada blanca
y otro de tu mirada
esparciendo belleza al universo.
También agrupo a veces los recuerdos
por emociones,
como esa que sentí aquel día
en la cima misma del invierno tórrido
en que jugamos a ser dioses desde el acantilado
y enmudeciste
ante el rugido atroz de piedras
barridas por el mar embravecido.
Pero mi preferido
es cuando agrupo recuerdos según su melodía.
Así vuelvo de nuevo
a disfrutar tu risa milagrosa
el suave canon dulce de las olas del mar
mientras deseo
que mi muerte ocurra en un momento así,
de tanta paz.
Adoro esos recuerdos ordenados
por silencios de blancas y redondas
y negras con puntillo;
con ellos está escrita en mi memoria
la melodía más sonora;
no es sólo la palabra
poesía.

Fotografías y textos de Mari Cruz Fernández Bermejo.