El programa, siguiendo la imparcialidad propia de la cadena, dio voz e imagen a este tipo peculiar de los que pueblan, por desgracia, nuestra sociedad.

Hubo momentos en que nos parecía visionar Cuarto Milenio, porque pudimos ver fantasmas hablando de muertos –políticamente hablando–, psicofonías de seres casi extraterrestres entrando en el barro ancestral del planeta. Posibles entes de otras galaxias, que extrañamente no eran verdes, visitando en Soto del Real al invitado. Incluso lapsus temporales del presentador mostrando, –tal vez preparando, de ahí la tardanza– un WhatsApp de un supuesto funcionario testigo de esta visita sideral. Todo a la altura de las películas de Los expedientes X.

No quiero entrar en los manejos del personaje en cuestión, tampoco en las intenciones periodísticas manipuladas y serviles, ni en la desgraciada actuación de los Koldo, Ávalos o Cerdán, todo eso será objeto de otro artículo. Quiero centrarme en ciertos protagonistas que como diría Machado son: Mala gente que camina y va apestando la Tierra.

Imaginen que ocupan un alto cargo de la Administración y en el despacho aparece un personaje como Koldo acompañado de un tipo como Aldama: repeinado, elegante desde el punto de vista de un hortera, con una crucecita de diamantes en la solapa y con maneras negociables de tratante de ganado. Tal vez echarlos del despacho puede costarte un serio disgusto o el cese –les hablo con conocimiento de causa–, pero te quedas tan a gusto que no cabes en la camisa.

Ese es el verdadero problema de país, toda esta fauna que pulula por despachos y ministerios que se apoya en el poder del momento y que saben corromper como nadie. A la postre suceden cosas, pactos y sentencias que salvan a esos personajes. Aunque les imputen, están pronto en la calle para ir a programas televisivos, del bracete de presidentas de comunidad, o participando en concursos de obras públicas. Sí, hablo de Aldama; de Alberto González Amador quién, además de defraudador y presunto, consigue poner en brete al mismísimo fiscal general; de Acciona presente en todos los amaños. Hablo de empresas constructoras, de ingeniería y otras que, a base de mordidas, consiguen los contratos públicos y hundir a  otras empresas más honradas o menos hábiles en el trato con la ultratumba.

Todo debe aclararse; los partidos, empezando por el de M.R. y el de Koldo, deben comprometerse con la sociedad a que esto termine y su financiación a la imprescindible transparencia. La justicia no debe limitarse a los autores, también alcanzar a quienes se benefician con sus actuaciones y condenarlos a no participar en concursos públicos. Y los espacios mediáticos deben informar, desde puntos ideológicos distintos, de la verdad, que solo hay una; caiga quien caiga, sin trampas ni intereses económicos; sin fantasmas ni cruces dominicales. Sé que es una utopía, pero el ciudadano comienza a hartarse de unos y de otros; está en juego la credibilidad de la democracia.