La victoria de Donald Trump asombró a propios y extraños. Los grandes núcleos urbanos han apoyado a la candidata demócrata Hillary Clinton y la América profunda y rural a Trump. Por eso la imagen que nos trae el día es la de un granjero con peto y estiércol en la botas, acosando a las jovencitas de su pueblo, mascullando contra las gentes de color, xenófobo y racista.
Quienes esperen un cambio de política por parte de nuestros gobiernos socio-liberales o neoliberales a sueldo de las grandes instituciones financieras, de los mercados y de las grandes empresas van a sentirse decepcionados: puesto que incluso al borde del abismo, nuestros responsables permanecerán inflexibles, su brújula quedará fijada hacia la austeridad, tan fuerte es la atracción que produce obtener el máximo beneficio y la ciega creencia en el sacrosanto e inmutable crecimiento.
Es obtuso pedir a los países periféricos que reduzcan sus déficits fiscales, es decir, su demanda, que absorbe producción alemana y mantiene su empleo. Es insolidario porque la deuda de estos países es la contrapartida de importaciones que en la década pasada aliviaron la recesión alemana y que debieran ser agradecidas/pagadas, permitiendo –mejor aún potenciando– una demanda agregada fuerte que les rescate ahora de su postración.
Existe un consenso generalizado entre los analistas económicos que la crisis económica y financiera global que se inició en agosto del 2007, ha tenido un menor impacto en las economías emergentes, especialmente América Latina, aunque no es inmune a ella.
No pretendo que el título les confunda. Este ha sido un verano más, demasiado largo para algunos, demasiado corto para otros; no obstante, he querido aprovechar parte del título de la mítica película del 58, El largo y cálido verano, para comentar lo que ha sido el finiquitado estío del 2011.
La dracma es un vocablo griego que proviene del verbo «δράττω» que significa empuñar o agarrar. Y por ahí es por dónde deben empezar nuestros socios helenos.
En España seguimos dormidos ante la actual situación. Nada se cuestiona, nada se protesta, nada hacemos.
Recuperar la confianza se ha convertido en el principal objetivo para abandonar la crisis internacional, pero para conseguirlo no sólo debemos atender las reacciones del mercado. Es necesario adoptar una actitud más íntegra.