Balada triste de tible
En el desastroso primer día de octubre, las mentiras de unos y otros, su demagogia, simplismo, manipulación y excesos, nos han llevado a una jornada triste de la que será difícil recuperarse.
En el desastroso primer día de octubre, las mentiras de unos y otros, su demagogia, simplismo, manipulación y excesos, nos han llevado a una jornada triste de la que será difícil recuperarse.
En los tiempos convulsos que viven las Españas (en contadas ocasiones de nuestra historia no han sido convulsos), no cuesta imaginar el revuelo que se formaría si uno de los escritores más famosos del momento calificara al pueblo vizcaíno, por ejemplo, de nación; se mofara de las tendencias del momento, o cargara de forma inmisericorde contra la hipocresía de las clases acomodadas.
El 24 de julio de 2013, cuando el accidente de un tren Alvia dejaba 80 muertos y 144 heridos en Angrois, todos pudimos observar la solidaria entrega de los vecinos de aquel barrio compostelano en su auxilio a los heridos. Ese mismo día, el caprichoso azar quiso robar con esta desgracia otro enorme gesto de solidaridad y superación personal.
Cuando uno es vallisoletano y le da por escribir, no puede por menos que tener a gala compartir ciudad -con permiso de Zorrilla y Rosa Chacel-, con el gran Miguel Delibes, maestro, en cambio, de describir el mundo rural sobre el urbano.
Cuando pensamos en el fenómeno de la inmigración, a menudo nos dejamos llevar por la polarización del debate entre lo que es bueno y lo que es malo, algo muy propio de nuestra sectaria sociedad.
No todas las mordazas son iguales. Por ejemplo, resulta heroico rebelarse contra la torpe ley de un Gobierno esperpéntico que trata de amordazar la libertad de cabreo y protesta de su pueblo; sin embargo es impopular oponerse a otras impuestas por ciertos sectores. Son las otras mordazas.
Resulta de lo más divertido cómo a veces, sin ser deliberado en absoluto, el arte se burla y ridiculiza a quien trata de amaestrarlo para sus intereses. En ocasiones la rebeldía artística es evidente e intencionada. En otras, mera casualidad, lo que lo hace aún más hilarante.
Sábado, 1 de octubre. Calle Ferraz, Madrid. Decenas de militantes socialistas se concentran a las puertas de la sede del PSOE, visiblemente indignados por los acontecimientos en su partido. Muy indignados, hasta que reciben la llamada de algún amigo y familiar para que sepan que están saliendo en televisión.
Confieso que estoy tan harto del bloqueo político actual como la mayoría de españoles, que quisiera que nuestros representantes se entendieran de una vez para formar gobierno, pero a tenor de las formas de cierto filibustero y su tripulación de bucaneros, sólo puedo decir una cosa. Ni quiero a Alí Babá, ni a sus 40 ladrones en el Gobierno de España.
Desde hace ya tiempo, la frivolidad más absoluta se ha colado en los informativos, especialmente en los perfiles de medios de comunicación en las redes sociales, con independencia de la época del año y con una fórmula bien definida: los vídeos de perritos.