Algo queda del tañido de sus pisadas sobre un mundo cubierto de piedras y años, del elástico animal de su risa en el desordenado dormitorio, donde practicábamos letárgicas costumbres, como intentar la recuperación de la inocencia en visiones de libertad.

Desnudez del fin del mundo, tal y como lo conocemos en la corriente de sargazos atribulados por la intoxicación de límites que se desfondan.

Es un conglomerado de voces y nubes con relaciones instantáneas en tierras indecisas, pobladas de linternas cuyas luces atraen a mulatas abrasadoras, formadas en un instante por el aliento de la estación y el brillo del camino bajo la luna, el tañido de las pisadas cuando te busco.

Mi patria es la extensión del mundo, una gran Isla que fue desprendiéndose en trozos llamados continentes, entre fragmentos que no llegaré a ver.

Un hogar disperso por la mar donde cada cosa contiene algo de la otra, donde cada boca es otra boca hasta quedar flotando el lazo inatrapable del horizonte, con el presagio de sus lenguas llevadas por las corrientes submarinas y cuyas historias sin asilo abren astros vivos en cada nuevo corazón que invaden.

Mientras, la espuma avanza y retrocede sobre la playa cubierta de espejos y el cadáver de un pájaro marino.

Autor Jaime Kozak