La convocatoria

Quiero decir algo acerca de cierta literalidad de la convocatoria a este IX Congreso Nacional de Filosofía, Chile – 2025. Me refiero al uso, en esas frases de la convocatoria al Congreso, de “democracia” – de “examinar y discutir sus supuestos y sus condiciones de posibilidad”. Supuestos y posibilidad: es decir, de modo general, al modo moderno usual y desde Kant de “condiciones de posibilidad” –que, me parece, Heidegger transforma en nociones de lo “precomprendido”; del fenómeno de la “precomprensión” como existencia-anterior para el “comprender” –“estar-en-el-mundo-de-la-comprensión”.

Aunque, línea seguida, se añaden elementos filosóficos del post: un “modo contextual y situado” –manera muy general de referir algo como “ser y metafísica situada”. Y una indicación a lo hermenéutico: lo “contextual”…

Pero en seguida se convoca sugiriendo un congreso y sus ponencias ocupadas en “fenómenos”. Uno precipitadamente mentaría una fenomenología. Pero no. Se usa fenómeno al modo de “hechos” (empiria), y los hechos aquí señalados, ocupan usualmente los ámbitos de las ciencias sociológica, económica, política y hasta de alguna psicología social[i].

La filosofía

Claro que a continuación se nos propone que “cabe pensar desde la filosofía”. Mi opinión (tesis) dice que mejor discernir desde el comienzo si acaso este congreso se ocupa de “ciencias sociales” o de “filosofía”. Pues, ¿por qué no asociarlo mejor con el respectivo congreso chileno de sociología? Ya que varias líneas sociológicas contemporáneas se aproximan a asuntos filosóficos…, y, nuevamente, una ciencia (positiva) puede proponerse sustituir la práctica filosófica.

Talvez esta convocatoria está respondiendo, en el habla de los científicos o del uso humano cotidiano, a un asunto no dicho pero muy presente. Que la filosofía “tiene” hoy (nuevamente) que justificar su práctica (aquí ante la sociedad chilena, y en el año 2025)”. Pues, a ella “persigue” una “inutilidad”, una “falta-de-para-qué”, hasta cierta “vergüenza-institucional” –asuntos que varios Grandes de la tradición han meditado. Precisamente acusada por alguna “tecnología”, expresamente operativa en nuestra época.

Y ¿qué significa que este IX Congreso se presente con un “tema”, al modo de un interés temático-pensante destacado o central? ¿Acaso este despliegue de una “convocatoria” con un “tema” no se aproxima a la “consigna de un evento”, o a una “frase publicitaria persuasiva”?

La situación

El chileno Carlos Peña, de la UDP, hace poco inauguraba el cambio de nombre de su “Centro de las Humanidades” por un explícito “Instituto de Filosofía”. En su alocución mencionaba el “viejo” y antiquísimo asunto del “para-qué” del hacer filosófico. Entonces, prolongando esta línea, podemos preguntar: ¿para qué otro congreso de filosofía en Chile?

Pues, decía Peña, las Universidades del siglo XXI están sitiadas por las políticas públicas y los poderes del Estado. Operan como cualquiera, como empresas de rendimiento y logros. ¿Se justifica ahí filosofar? Por supuesto Peña respondía que sí.

La tesis

Quiero proponer mi propio argumento para sumarme a este sí. No al modo kantiano que Peña esgrime –en el “conflicto de las facultades”, destacar la única que “responde sólo ante el tribunal de la razón”, y comprende el “uso público de la razón”, sino al modo de cierta fenomenología –ocupaba en percibir el aparecer de lo real/cosas–, y una hermenéutica –que solamente intenta “comprender el comprender”.

De alguna manera, que este Congreso posea un “tema” lo ayuda a “explicarse”, lo “especifica”, orienta y/o motiva ante los posibles interesados, generando un “público-objetivo”. ¿Cómo se relacionan lo temático con lo institucional: “hay instituciones universitarias de filosofía en Chile” –y no cesan de aparecer? Que ellas “producen” abundante discurso filosófico. Y que utilizan “recursos del Estado y de privados”, mientras poco se sabe de ella en la vida ciudadana chilena.

Por tanto, que abundan los temas meramente “técnicos”, que las vacantes de las carreras de primer semestre se completan, que los titulados de diferentes niveles pululan, y el planeta gira indiferentemente.

Conclusión probable: Hay justificaciones o argumentos respecto del “que se practique o no la filosofía en la cultura del siglo XXI”. Pero la filosofía funciona como cualquier otra entidad con “valoración-social”. Cualquiera que “tenga-hoy-demanda”. Y las instituciones Universitarias que usualmente las integran, las gestionan como un “título-profesional-académico” más. Por ello, nosotros “vamos” a este Congreso como si fuésemos a “otra-parte” –allí donde sucede lo “informal-de-conversar”, del hacer del lugar una plaza-pública.

 

[i] Leamos la convocatoria: “fenómenos como el desinterés ciudadano y la apatía electoral, o el debilitamiento de la soberanía popular por los mecanismos representativos y elitistas del sistema político o las fuerzas del mercado global. También poderes que atentan contra la democracia, a nivel mundial”…