Al revés de cómo nos quieren hacer creer en occidente, Malí es un país rico en recursos. Uranio, oro, grandes rublos de minería y enormes bolsas de petróleo al norte del país son algunas de las riquezas que posee, siendo aún así uno de los países menos desarrollados y más pobres del mundo.
La población Maliense vive con $32 al mes de media, la expectativa de vida se fija en 49 años y tiene una altísima tasa natalidad, con 6,6 hijos por mujer.
Como tantos otros países africanos potencialmente ricos son codiciados y explotados por países “desarrollados”, los cuales son responsables de frenar y evitar el progreso de la mayoría de los mismos.
La versión oficial que defienden el presidente Hollande y su ministro de exteriores, Laurent Fabius, se basa en que no intervienen en el país por intereses económicos, dejando entrever que Malí es un país pobre, versión que obviamente no se sostiene. Entre las grandes riquezas que antes citábamos que posee el país africano cabe destacar una en especial. El norte de malí es la prolongación de los yacimientos de uranio del próximo Níger, –casualmente el foco del conflicto se centra en ésta zona concreta- estos yacimientos como no podía ser de otra forma están controlados por una empresa pública francesa llamada AREVA, la cual controla el programa nuclear francés y de la que depende el suministro de la mayoría del Uranio que consume el país galo y de la que forman parte también Qatar y Arabia Saudita, cómplices en oriente medio de las estrategias neocoloniales de las potencias occidentales.
Los acontecimientos se precipitan en marzo del año pasado cuando los Rebeldes Tuareg, pieza clave en este rompecabezas, se levantan contra el gobierno de Bamako. Estos rebeldes Tuareg se sitúan en la zona de Azawad, pero no solamente encontramos allí a los Tuaregs, esa misma zona también sirve de refugio y acogida a los militantes de “Al Qaeda” y a otros “yihadistas”.
Una de las claves para entender el conflicto maliense es el tratamiento que hacen los mass media acerca de los supuestos yihadistas, los cuales ha quedado demostrado en los recientes conflictos de Libia o Siria que son armados y financiados por occidente (EE.UU, Francia y Reino Unido principalmente) para derrocar gobiernos y colocar en el poder a sus respectivos “hombres de paja”, para así controlar los vastos y ricos recursos naturales que todos estos países poseen, expoliar a sus gentes y controlar zonas geoestratégicamente claves en oriente medio y el norte de África.
Estamos ante una guerra no solo estratégica/militar por los recursos, sino también de información (El 99% de la información está manipulada y filtrada ya que en la mayoría de los casos nos llega a través de agencias como France-Presse (AFP), Cnn, BBC etc.).
Estos yihadistas, los cuales en este caso particular son muy malos y que en otras ocasiones nos los venden como los “buenos” de la película y a los que hay que apoyar y armar (con dinero público de los estados) para derrocar supuestos regímenes malvados, son los mismos yihadistas que llegan a Malí “curiosamente” cuando acaba el “conflicto” en Libia, previamente armados por Francia y Reino Unido. Estos supuestos terroristas no se movilizan por intereses religiosos o para imponer la Ley Sharia como nos cuentan pues como buenos mercenarios –que es lo que son- su único objetivo es el económico y el de cumplir con los objetivos previamente fijados por quienes les pagan.
La estrategia neocolonial llevada a cabo por Francia en Malí es un calco de la utilizada por el gobierno Bush en los conflictos de oriente medio, servirse de grupos islamistas para crear conflictos y posteriormente intervenir e instalarse sobre el terreno con el pretexto de resolver los problemas que ellos mismos habían creado previamente, la ya clásica táctica ACCIÓN-REACCIÓN-SOLUCIÓN, tantas veces utilizada y que sorprendentemente sigue siendo 100% efectiva.
Por lo tanto estamos en otra guerra teledirigida por las grandes potencias que sigue el mismo patrón que vemos en el resto de recientes conflictos y que no busca otros objetivos más que controlar los recursos energéticos y estratégicos de los países atacados. Las estrategias militares son mucho más sutiles y la guerra de propaganda, la desinformación y las medias verdades juegan un papel fundamental.
En conclusión, podemos decir que la guerra en Malí ha sido bien planificada por el gobierno francés con el beneplácito de EE.UU, Reino Unido y todos los organismos internacionales cuyo objetivo no es otro que el que persigue cualquier estrategia neocolonial, apoderarse de todos los recursos del país, hacerse con el oro, los minerales, el petróleo y por supuesto, siendo el eje fundamental del conflicto, el uranio que Francia necesita para hacer funcionar todas sus plantas nucleares, pues cabe destacar que 1/3 de la producción de uranio que Francia precisa es extraído en Malí, además también de posicionarse estratégicamente en la zona y controlar de cerca a Argelia, que de un tiempo a esta parte ha venido siendo la voz discordante en la zona ante la política neocolonial francesa.
En definitiva y como viene siendo habitual desde el día que cambió el mundo (9/11), estamos ante otra nueva guerra creada por los intereses económicos y de poder de los de siempre, las élites psicópatas que nos gobiernan y sus títeres al frente de los gobiernos. Los mismos de siempre haciendo lo mismo de siempre. ELLOS, SIEMPRE ELLOS.
Jorge Segovia es autor del blog conspiracionglobal20.blogspot.co.uk
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