Ayer nací.
Vi cómo mi cuerpo resbalaba desde el núcleo maravilloso del universo.
Abrí mis ojos ante la perplejidad de un mundo que aceptaba mi llegada; una nueva estrella dejó de iluminar ese cielo más allá de lo que nuestra vista puede alcanzar.

Tuve el calor y el alimento que me hicieron crecer a través del amor:
ese algo invisible que se percibe y llena, a pesar de su intangibilidad.

Crecí intentando transmitir lo que otras estrellas me habían enseñado,
pero las dificultades crecían más rápido que yo, sin entender muy bien si mi llegada fue en el momento oportuno o si debí esperar.

Cada año, en estas fechas, me recuerdan con fragmentos de mi anterior, pequeñas luces que se mantienen en la memoria esparciéndose en la tierra.
Todos sois, todos somos, un pensamiento único con el poder de transformar las cenizas en verdes prados, calmar las aguas enfurecidas y despejar el cielo, alejando los negros nubarrones para convertirlos en blancas y algodonadas nubes.

Tenemos el conocimiento y la sabiduría de años anteriores.
Busquemos esa paz interior y desterremos los egos que bloquean nuestra mente y nuestros sentimientos.

Ayer nací y vi cómo mi cuerpo resbalaba desde el núcleo maravilloso del universo hacia una tierra donde, sin que muchos lo sepan, el AMOR impera.

Que la paz abrace vuestros corazones en estos días y continúe durante este nuevo año a punto de nacer: 2026.
El tránsito está a vuestra merced.

¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO 2026!