Observe usted qué ocurre en diciembre cuando las personas reciben ingresos adicionales por bonos de fin de año. La mayoría se siente feliz porque puede comprar más y, además, darle regalos a sus seres queridos. Pero esa alegría dura poco, ya que el dinero se acaba pronto.
Mañana martes, 5 de febrero, se presenta el libro “La financiarización de las relaciones salariales”, en el Espacio Abierto FUHEM, a las 19.30 horas, sito en la calle Duque de Sesto, 40 de Madrid.
Como antes de la crisis, con más vigor si cabe, el centro de buena parte del debate académico y político se sitúa en las cuentas públicas (además del mercado de trabajo), o, para ser más precisos, en los desequilibrios financieros públicos, como si su existencia estuviera en el origen, fuera la causa principal de la actual crisis económica y la restricción más importante para salir de ella.
Actualmente estamos viviendo una nueva, y más global que nunca, guerra fría, pero a diferencia de la surgida tras la segunda guerra mundial, no son dos potencias políticas enfrentadas las que la libran. En esta ocasión, asistimos a un escenario inédito donde se desafían el poder financiero y el poder político.
Desde hace ya más de tres años, sobre todo en los llamados países desarrollados, la economía ha generado un desconcierto que tiene paralizada anímicamente a una gran parte de su sociedad.
La tasa Tobin o ITF es un impuesto sobre las transacciones financieras en el mundo. Su instauración a nivel mundial está propuesta por el movimiento ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos) y demandada tanto por autoridades políticas, como monetarias y ONGs.
¿Qué es la economía solidaria? ¿Cómo es una ciudadanía ecológica? ¿Qué enseña el terremoto de Haití? ¿Cuáles son las causas y efectos de la conflictividad en la República Democrática del Congo y los Grandes Lagos? Algunas de estas preguntas tienen respuesta en el nuevo número de revista PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, editada por CIP-Ecosocial.
Los esfuerzos por mejorar el crecimiento y el empleo en América Latina y el Caribe deben centrarse en las mujeres. El motivo es simple pero poderoso: las mujeres están impulsando el crecimiento económico en la región, tanto a nivel de la economía en su conjunto (macro) como a nivel de los hogares (micro).
Acabada la Segunda Guerra Mundial, Europa se encontraba con una economía destrozada por los años de conflicto, por lo que la gran potencia emergente, Estados Unidos, lanzó un programa de ayuda a la reconstrucción europea denominado Plan Marshall. Para garantizar su puesta en marcha y el funcionamiento del mismo, en 1948 se creo en Europa un órgano de supervisión denominado Organización para la Cooperación Económica Europea (OECE), que a la postre resultaría el germen de la OCDE.