Aparcamos a las afueras del pequeño núcleo urbano de Villaviciosa (en donde pernoctó el joven rey Carlos V a su llegada a España, entre el 19 y el 23 de septiembre de 1517) e iniciamos la ruta a lo largo de la Ría de Villaviciosa de sur a norte, es decir, desde su cabecera donde transcurren pequeños arroyuelos y humedales con multitud de plantas adaptadas a la humedad, hasta su desembocadura 8 km. más al norte para desembocar en el mar Cantábrico.
La Ría está sometida a las periódicas mareas diarias por lo que su caudal unas veces es bastante escaso y otras llega casi a desbordarse. Por lo tanto, el caudal de la Ría no depende tanto de los riachuelos que desembocan en ella sino de las crecidas y bajadas marinas que también condicionan la mayor salinidad del agua así como el ecosistema en su conjunto.
Una estrecha senda sin asfaltar y encajada entre dos barandas de madera circular proporciona al caminante seguridad y apoyo para contemplar todo este ecosistema natural de unos 11 Km2 de extensión. Los tres observamos con interés los diversos arroyuelos que se entrelazas entre sí, las marismas, la abundante vegetación adaptada a los humedales y pequeños arbustos bordeando las zonas más inundadas.
A medida que avanzamos hacia su desembocadura la Ría se ensancha cada vez más hasta llegar a alcanzar un kilómetro que es la distancia máxima entre las dos orillas hasta verter sus aguas en el mar Cantábrico.

Flora silvestre. Foto Benedicto Cuervo Álvarez
En cuanto a la flora que podemos ver en esta Reserva Natural Parcial destacan la presencia de importantes comunidades de halófilas de diversos tipos algunas de las cuales están consideradas como hábitat prioritario al tener en la Ría de Villaviciosa su única localización en nuestra región asturiana. Las especies más representativas son: la sosa de las salinas, la salicornia dura, la suaeda y la espartina marítima. A medida que vamos caminando hacia la desembocadura de la Ría, observamos algunos arenales y dunas donde se desarrollan plantas vasculares en el límite superior. Las especies que crecen aquí presentan un ciclo vital extraordinariamente corto, entre la primavera y el otoño, debido al barrido de las olas tormentosas. En la estabilización del sustrato arenoso juegan un papel primordial especies como el barrón que fija la arena y plantas de lechetrezna (Euphorbia paralias).
La Ría de Villaviciosa cuenta con una gran variedad de fauna predominando las aves acuáticas durante gran parte del año y en la invernada. Es un espacio de parada obligada para muchas aves que migran desde Europa central o el delta del Ebro hasta la Ría caso de los 50 flamencos que se posaron a descansar y no hemos podido observar. En sus aguas es frecuente ver aves acuáticas, como ánades, fochas, variedad de gaviotas, espátula, grullas, aves limícolas, correlimos, zarapitos, patos, zampullín chico, Martín pescador, agachadizas, garcetas, chorlitejos… En las proximidades de la Ría nos podemos encontrar con otro tipo de aves denominadas rapaces que se alimentan de la variedad de fauna salvaje existente en este Parque Natural Parcial como: el halcón peregrino, águila pescadora, aguilucho lagunero, milano negro, aguilucho cenizo…

Inicio de la Reserva Natural Parcial Ría de Villaviciosa. Foto Benedicto Cuervo Álvarez.
El interés tanto de la flora como de la fauna es muy alto. La conservación de este Parque Natural Parcial es muy bueno. Se trata de mantener y cuidar todo este ecosistema para legarlo a las generaciones venideras en perfectas condiciones evitando su deterioro o destrucción por el peligro urbanístico de seguir creciendo la pequeña ciudad de Villaviciosa sin tener en cuenta este ecosistema natural y también por la contaminación que se podría producir por vertidos a la Ría.
Empieza a caer la tarde. El cielo está muy encapotado y apenas podemos ver a unos cuantos metros. Es el momento de regresar a nuestro lugar de origen con la pequeña decepción de no haber podido ver las decenas de flamencos que el día anterior, según comentaba la gente del lugar, se habían posado en la Ría para descansar y alimentarse y, así, poder seguir su viaje migratorio tal vez hasta las marismas de Doñana.
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