Tendría que decirles que es un problema de los norteamericanos haber reelegido a este personaje y no obstante, debo advertirles, que el hecho nos afecta más de lo que nos gustaría. Todo está cumplido y la vieja Europa, cada vez menos influyente, se verá atenazada entre las patochadas de Trump, la megalomanía de Putin y la agresividad de Netanyahu.
Sirvan las palabras evangélicas de San Juan para aseverar que todo se ha acabado o, si ustedes quieren, que el sobresalto ha comenzado. Como en las pesquisas policiales, no analicen ni se entretengan en saber quiénes le han votado, razonen a quiénes beneficia la nueva situación. El triunfo de Trump es el triunfo de los lobby, de los explotadores, de los violentos… Desde Elon Musk hasta el propio Putin, desde los valores más sangrientos de las bolsas internacionales hasta el timo de las criptomonedas, aplauden la llegada del carcamal a la presidencia. Se frotan las manos ese 10% que dispone del 75% de la riqueza mundial y se congratulan los traficantes de armas, los antiabortistas, los machistas, los xenófobos, la Asociación Nacional del Rifle y la madre que los parió. Las extremas derechas mundiales sonríen, presumiendo del nuevo líder y Ucrania tiembla sabedora de que ha perdido la guerra.
Y hay demasiada gente que se congratula con todo esto. Demasiados estúpidos en Florida y Texas que no quiere más emigrantes, cuando apenas hace dos décadas llegaban ellos con los calzones sucios y su castellano ancestral. Demasiado pobre ignorante que aplaude cuando Trump promete bajar los impuestos, demasiado joven norteamericano preocupado por perder su hegemonía frente a las mujeres, demasiado ciudadano de color creyéndose las mentiras de Trump.
Debería decirles que esto no nos afecta, que somos europeos, inteligentes y cultos, pero no es verdad. Nos debe preocupar el destino de Ucrania por cercanía, el de Gaza por lejanía, el de África, por diversos y conocidos motivos, o el de la economía, por nuestro futuro. Y sobre todo, el crecimiento de los elementos de ultra derecha, tan lejano como la Avenida de Pensilvania y tan cercano como cualquier ciudad de cualquier país europeo.
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