Ola estimados y +, Ramón y Marcelo,

Ier por la tarde noche, en el segundo piso de la editorial Lom –cumpliendo 35 años–, l’experiencia no fue wena. Digo, me corrijo, “humanamente”, todo-bien. Pero, “idealmente”, bastante medio-bien…

Estoy sorprendido de lo que en l’ocasión se me aparece como una gran pobreza de reflexión, de autoconsciencia, de poética, de ideas, en esta “novela-negra”… Sorprendido pq muy poco sé del ambiente, del corpus chileno y de la comunidad humana-editorial del quehacer llamado y conocido como: la “novela negra/criminal/policial chilena”, y ayer acudí a Lom precisamente para aprender un poco

Dos instancias quisiera destacar:

  1. lo que se comentó de lo “injusto de la Justicia”, y
  2. lo qu’escuché como respuestas a mi consulta acerca del sentido, digamos, “esencial”, de lo que comprendemos como “lo violento de la violencia”. Parafraseando al “colega” poeta G. Rojas: ¿Qué piensan ustedes cuando escriben y piensan la “violencia”? ¿Cuándo usan y repiten la palabra “violencia”, en este caso aparentemente tan asociada al fundamento de la idea de “crimen”?…

De lo primero, me sorprende una cierta ingenuidad cuando se considera de la especie de una “conclusión literaria”, afirmar que las instituciones chilenas de la justicia –tribunales, jueces, policías, abogados,…–, no son finalmente justas.

O sea que, al parecer, se escriben novelas enteras para demostrar una proposición como esta –creando ficciones a modo de “demostraciones-literarias” de algo que necesita esas demostraciones, esa enseñanza, para una sociedad y comunidades presumiblemente ignorantes d’ello.

Lo que ocurre es que ya en el primer semestre (o en la primera sesión) de un curso como el de “Filosofía del Derecho”, se enseña, sin dudarlo y como una propuesta básica y evidente –como un elemento de realismo empírico inicial–, que los sistemas de la justicia social no <hacen-justica> sino que <aplican sistemas legales> –establecidos ellos en la égida (el amparo) de una idea, digamos general, de “lo-justo” y de “la-justicia-humana”.

Al parecer a los estudiantes de derecho d’entrada se enseña eso de que: “la justicia no hace-justicia”, donde en el primer uso de la palabra, se menta a instituciones sociales efectivamente existentes… Y nadie se hace mayor “problema-y-paradoja”, pq los problemas reales –sociales y reflexivos–, están en otras partes. Y a ello se ocupa gran parte del resto del semestre del curso de derecho y filosofía…

Entonces, no comprendo lo estético de escribir novelas enteras como “demostraciones-literarias” d’esta tesis. Para una persona medianamente culta, creo, ella es un presupuesto (y un excelente punto de partida, por ejemplo, por su aspecto paradojal), no una conclusión. De la literatura “negra” uno espera, m’imagino, elaboraciones estéticas –apelando a las sensibilidades, a un “mejor-sentir”–, d’estas realidades sociales, de esta <in/justicia-de-la-justicia>.

Por poética de la injusticia entendería obras de arte que me hacen posible destacar elementos no-evidentes en lo-evidente de la proposición de base, y que configura l’experiencia cotidiana de todos-nosotros-chilenos… Eso de la primera parte.

Segunda:

Cuando G. Rojas escribe su “Qué se ama cuando se ama…”, quizá sabe aunque talvez no sabe cuánto pregunta en este verso. Lo digo pq el resto del poema, me parece, no está precisamente “a-la-altura”. Veamos que sigue inmediatamente: “mi Dios”… Pues no, no debiera ocurrir aquí, exactamente aquí, una divinidad. Ier en el s XX (cuando fue escrita), y hoy, s XXI, cuando la releemos. Pq la pregunta no resulta teológica, de entrada. Este “qué” corresponde a una tradición que muy precisamente se está separando de las divinidades –y entrando al “humanismo” del logos, de lo que llegará a constituirse como “razón-humana-autosuficiente”.

El “qué-interrogativo” no pregunta, en su simpleza y desnudez, a las divinidades. Pero parece que sí: a G. Rojas estas “dudas” hacen pensar-en-Dios. Más encima con mayúscula. Es decir, una divinidad histórica como la cristiana, heredera del Gran descubridor del monoteísmo (como se usa llamarlo), Abraham. Algo como “el-amor” y el dios cristiano. ¿Será suficiente? Pues a mí me parece esto de “amor” un in/finito…

Si hubiera que invocar dioses pa’estos asuntos, lo haría a divinidades-en-general, o a una divinidad desconocida (por/venir, si acaso). + d’estas cosas escribí y publiqué en Madrid, el año pasado : https://www.otromundoesposible.net/del-amor-la-mitad-del-verso-de-un-chileno-bastante-premiado-en-espana/

Pues yo consulté a los expositores de ier –y pregunté, no hice una “tesis-gratuita”– y trivial, como la de la persona que se tomó la palabra ante de mí, pa’ demostrar, según él, “cuánto-sé”. Solo para demostrar que repite y repite lugares comunes ideológicos decaídos…

Consulté una de esas cosas que tradicionalmente “encantan-la-filosofía”. Por esencia. A la que, altiro, hay que poner comillas –“esencia”–, ya que, según ciertas mayorías, estamos en pleno (o quizá ya pasó de fugaz!!), en pleno rechazo –y hasta asco—del esencialismo. Los post gozan con este rechazo, como gozan de sus ya harto vulgares negatividades.

Yo quería saber: qué escriben-piensan los novelistas de la “negra” cuando escriben “violencia. Por lo-violento, según estas ficciones, de lo que se afirma como “violencia”. Y ya que, al parecer, el “crimen” –algo como esencial del género–, resulta inmediatamente asimilado a esto de “la-violencia”.

Qúe es la violencia cuando escribimos novelas-de-violencia”… Pq, todo el rato de este encuentro y mesa de opiniones, escuché violencias y violencias. Y los filósofos prestamos muucha atención a estas palabras que parecen “claves/llaves/fundamentos” para ciertos grupos sociales y culturales. Uno Grande de la tradición filosofante crea –pq Grande ocurren algunos filósofos y fundan neologismos–, digo Francis Bacon, por el año aproximado de 1620, crea la frase/verso: los idola fori, los ídolos del foro o del mercado –digamos del lugar de los intercambios de palabras, los libros, por ejemplo…

“Qué pienso en “lo-violento” cuando uso y repito la palabra violencia”. O: qué palabras (o talvez gestos, cuerpos humanos) podría poner al lado, de modo “explicativo”, pa’ desplegar el sentido mío de “violencia”.

Y Bacon descubría en el siglo XVII europeo, siglo racionalista como el que más, que los “lugares-públicos-de-las-palabras”, están repletos de palabras que se dicen-repiten (y obedecen), y nunca se sabe realmente qué dicen. O dicen supuestamente tanto, que cualquier fundamento estaría demás. Cosa que en un wen filosofo genera las sospechas más tradicionales del gremio.

¿Qué quieren decir con “crimen-violento” cuando escriben y publican obras de miles de palabras bajo el “encanto” d’este (quizá) idola fori? Seguramente eso está dicho en algunas páginas o en algún párrafo –en un parlamento de un personaje-ficción en un momento-lúcido. Como el comienzo del poema de G. Rojas: intuición superior. O algo parecido.

Como cuando Shakespeare de pronto hace decir: “Estamos hechos de la materia de los sueños”…

¿Dónde podría yo leer aquí esta pregunta (o alguna versión), y conocer alguna respuesta?

Pues la escasa sensibilidad reflexiva de ier se mostró cuando se interpretó mi “consulta-de-esencia” como una pregunta por la “causa-final” o “causa-de-las-causas”: la causa última (o primera) de la violencia (de lo violento-ya-entendido).

Entonces se acude al expediente de “fuentes fundamentales sociológicas” de “explotación”, de “abuso”, de “arbitrariedad” e “injusticia”.

Una “esencia” interpretada en “causa-fundamental”… Y se siguen las apelaciones a las ciencias sociales modernas –o, sencillamente, a recursos doctrinario-políticos de uso ya trivial–, y el idola fori deja todo (aparentemente) resuelto, definido y sosegado…

A mi m’ocurre percibir hacia otros lados. ¿Quiénes “son” los violentos en una situación que percibimos como violenta? Los ideologismos del idolo fori tienen la respuesta antes de terminar la pregunta misma. Mecánicamente, estos ídolos reposan las angustias que encantan a los filósofos.

Un “pre-comprensión” nunca pensada. Un pre-juicio, en el sentido complejo d’esta palabra. Yo buscaría en la novela negra-chilena meditaciones por los alrededores de las pre-comprensiones de “crimen y violencia”.

Para placer de la poesía, transcribo la primera estrofa de G. Rojas…

Qué se ama cuando se ama, mi Dios:

la luz terrible de la vida o la luz de la muerte?

Qué se busca, qué se halla, qué es eso: amor?

Quién es? La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,

o este sol colorado que es mi sangre furiosa

cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer

ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,

repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces

de eternidad visible?