Dentro de poco despedimos este año viejo que ha dejado de todo a nivel personal y global.
Y sin importar el lugar donde nos encontremos, las fiestas de la época de fin de año se celebran en todo el mundo y están cargadas de sentimientos como renovación, salud, amor, esperanza, entre muchos otros.
Todo esto en medio de un mundo que cada día se está volviendo un lugar más violento y cargado de un cambio climático inquietante.
Según el Índice de Paz Global, actualmente hay cincuenta y seis conflictos en curso, el mayor registrado desde el fin de la segunda guerra mundial. Los niveles elevados de preocupación por reportes, es la muerte violenta de miles de niños, solo en Gaza, Israel ha matado más niños que hombres y mujeres. La guerra en Ucrania de igual forma ha dejado cientos de niños que han muerto o han sido heridos desde la Invasión de Rusia.
Es muy larga la lista de los países en donde por diferentes conflictos ya sea bélicos, sociales o económicos, mueren y sufren millones de niños en el mundo.
Preocupa de sobremanera que no se respete el derecho internacional humanitario y se ponga fin a los abusos contra los niños, ya que se debería tener claro que las labores humanitarias no pueden sustituir una solución política que ponga fin a las guerras, urgen soluciones y poner fin a las violaciones de las garantías fundamentales de los niños, cuyas esperanzas y sueños han sido destrozados.
Sé que muchos de los amigos lectores deben estar hastiados de leer y escuchar sobre estos temas, que lo mejor sería ignorarlos por salud mental, pero que no por ello dejan de ser una dolorosa realidad, como también lo referente al calentamiento global y sus consecuencias que han dejado grandes tragedias y miles de familias desplazadas en el mundo entero. Sumado a que el ritmo en que estamos explotando nuestros recursos hace necesaria una transformación urgente hacia un consumo y una producción sostenible de esos recursos a escala mundial y de cómo hacerla realidad con la debida actuación firme y decidida de los políticos, así como la debida cooperación y regulación del sector privado, pues no se puede aceptar el uso intensivo de los recursos para satisfacer las «necesidades humanas» a costa de sacrificar la madre tierra, y al final a nosotros mismos al intensificarse la crisis de los recursos.
Lo cierto es que muchos tememos a lo que nos espera en el año nuevo; ya sabemos de sobra que nos dejó el año viejo, y para ser realistas el próximo año pareciera que nos trae las mismas inquietudes y problemas, puesto que se están viviendo tiempos complejos y extraños, difíciles de comprender, que para el colmo de males, hasta los extraterrestes pareciera que están de visita.
Así que amigos lectores, tratemos de disfrutar de estás fiestas todos aquellos que tenemos la bendición de estar estables y metidos en nuestra burbuja, ensimismados en nuestro propio mundo de alegría y bienestar, muy afortunados de poder disfrutar de la época navideña, rodeados de nuestra familia y buen círculo de amistades, compartiendo y degustando los típicos platillos de cada región, y en el caso de Guatemala, el delicioso tamal, que no puede faltar en la tradicional cena navideña.
«Que el año viejo se lleve nuestros miedos y tristezas, y el año nuevo nos traiga alegrías y fortalezas»
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