Este artículo no lo escribí para defender la democracia ni los derechos humanos; menos aun para ensalzar la llamada libertad, todas ellas palabras huecas de contenido variable y aplicación diversa, según los intereses y el poder de quienes las imploren. No las elegí al azar. Son la santísima trinidad secularizada de los venezolanos en el exilio. Con ellas inundaron las redes sociales y pintaron pancartas y camisetas con una fe rayana en lo sobrenatural. No inventaban nada; repetían con fervor las consignas evacuadas de una mujer ascendida a los cielos por ellos mismos de nombre María Corina Machado: un personaje laureado con el Nobel de la Paz por incitar a la intervención de EE.UU. en su tierra natal; lo siento, no fui capaz de escribir <su> patria; pues ésta es sagrada, y cualquier patriota antes se jugaría la vida por ella que animar a su profanación.
Este artículo no lo escribí para defender a Nicolás Maduro ni al chavismo. El próximo dos de febrero, el chavismo cumplirá 27 años de su ascenso al poder; ¡más de una generación! ¿En qué ha mejorado la vida de los venezolanos desde entonces? No me hablen de las dificultades externas; más excusas, no, por favor. Hay dos aspectos claves que todo gobierno bien parido debe perseguir: El desarrollo de su país y la llamada democracia social. Ni uno ni otro se asomaron en nuestra nación hermana.
En 1998, justo antes de subir Chávez al poder, la pobreza monetaria era del 45% de la población y la extrema del 17%; en 2024 fue del 73,2% y del 36,5%, respectivamente (según la Encuesta de Condiciones de Vida de la Universidad Católica Andrés Bello). Según el Observatorio Venezolano de Finanzas, la pobreza monetaria sería aun mayor, alcanzando el 86%. Es cierto que en 2017 comenzaron las sanciones impulsadas por EE.UU. Veamos cuál era el porcentaje de pobreza monetaria y extrema en 2014, antes de las sanciones: Pobreza monetaria: 52,6% y pobreza extrema: 23,6%. Ni en el período de precios altos del petróleo, fue capaz el chavismo de mejorar los índices de pobreza. Cuando el precio del crudo se desplomó, pasando de 100$ a 40$ el barril, el sueldo medio de los venezolanos apenas alcanzaba el 10% del costo de la canasta básica; el 90% de las divisas dependían de los ingresos del petróleo. Ni desarrollo, ni democracia social; miseria y más miseria. El chavismo ha sido incapaz de superar la dependencia de los ingresos del petróleo, dilapidando la época de sus magníficos precios, y ha sido incapaz de organizar racionalmente la explotación minera del riquísimo Arco del Orinoco, algo que le agradecerán las empresas anglosajonas cuando comiencen a extraer todo lo extraíble a la velocidad del rayo; gracias Maduro, mascullarán.
¿Alguien en su sano juicio podría defender esto? Es casi imposible ser tan incompetente o tan traidor, que todo puede ser, ante gestión gubernamental tan desastrosa.
Pero este artículo tampoco lo escribí para defender a Donald Trump. Si al presidente de EE.UU. le preocuparan los derechos humanos no se pasearía cual consorte con el actual mandamás de Siria, reconocido rebana cuellos hasta hace poco; tampoco compadrearía con Netanyahu, quien, al parecer, ha encontrado otra fórmula creativa de aplicar la ley del Talión, donde en vez de multiplicar peces (sería un sacrilegio; esos milagros dejémoslos al Maestro Jesús) gusta de multiplicar cadáveres, algo que maneja con gran eficiencia. Poco le importa a Trump la orden de busca y captura del mago de la muerte por la Corte Penal Internacional. Menos le importa a nuestro personaje el tráfico de drogas o, quizá le pueda el despiste, si no cómo podría haber indultado el pasado mes de diciembre al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de cárcel por un tribunal de EE.UU. por un delito de narcotráfico, o a Ross Ulbricht, condenado a cadena perpetua por facilitar ventas de drogas en la llamada «web oscura», por citar sólo a dos de los más relevantes. En su primer mandato también tuvo clemencia con otros narcotraficantes. Parece una prioridad de este hombre, aunque en sentido opuesto al que se podría pensar.
Trump preside un país que en los años 70 utilizó el tráfico de drogas para financiar a la contra nicaragüense; hablamos del crack, la droga más letal de aquellos años; el público objetivo fueron los negros e hispanos de los barrios marginales estadounidenses; muy wasp, como puede inferirse ¿Cuántas campañas con dinero público se hacen en EE.UU. para alertar del peligro de las drogas? El día que se tome en serio el asunto de perseguir el narcotráfico no tiene más que llamar a las puertas de Wall Street y, de paso, decir a sus primos de la Gran Bretaña que hagan lo propio con la Citi. Quizá ignore que el Hong Kong and Shanghái Banking Corporation, el famoso HSBC, se fundó para canalizar el dinero del tráfico de estupefacientes procedente de la venta en China; ¿les suena la Guerra del Opio?
¿Cómo hemos llegado a esta situación?
Sí, escribí este artículo para responder a esta pregunta, y una forma de hacerlo es mediante otra pregunta adicional: ¿Para qué se creó el Foro de Sao Paulo del que forma parte el chavismo? Han pasado la friolera de casi 36 años ¿No se percataron que la única salida del subcontinente iberoamericano es que se unan sus países de una vez por todas? ¿Acaso no han leído una sola obra de la ingente literatura escrita al respecto desde el siglo XIX? ¿Qué leen Uds. además de ese libelo titulado <Las venas abiertas de América Latina> del que el propio Eduardo Galeano abjuró en sus últimos años? ¿Cómo es posible que desde 1990, fecha de la creación del Foro, no hayan inundado las calles de manifestantes exigiendo a los gobiernos de turno, incluidos los suyos, que establecieran planes y programas encaminados a la unidad?; ¿por qué no se ha dado ni un solo paso en ese sentido?; ¿de verdad piensan que cada uno por separado puede enfrentar el poder de EE.UU.? Porque el poder se demuestra cuando uno es capaz de defender sus intereses independientemente de lo que diga la ley y ordenen las instituciones. El poder se manifiesta mediante los hechos consumados. Eso es lo que acaba de hacer Trump, y eso es lo que ni Venezuela ni ningún otro país de la región es capaz de contrarrestar. Quizá tengan razón los que piensan que Uds. son la otra cara de la misma moneda y trabajan para los que aseguran dicen combatir. En algo sí se pusieron de acuerdo: <España debe pedir perdón> No hay mejor manera de hacer el trabajo sucio a los del norte y manipular a sus propios ciudadanos. No hay calificativo para tanta estupidez, ¿o habría que llamarla estulticia?
Este artículo también lo escribí para dirigirme al movimiento hispanista: a todas las asociaciones y personas individuales abnegadas y siempre dispuestas por una causa hasta hace no mucho adormecida. El trabajo ha dado frutos, pero son los acontecimientos geopolíticos y no nuestras reflexiones teóricas los que marcan el ritmo y la velocidad y, ambos, se han vuelto frenéticos. La clase dirigente de la Hispanidad no está a la altura de las circunstancias. De nada sirve redactar y firmar todos los manifiestos del mundo contra Trump; primero, porque quienes tuvieron que salir de Venezuela a partir de 2015 buscando un pan que llevarse a la boca es posible que no lo entiendan; hablamos de situaciones límite, en demasiados casos. Sería injusto juzgar con criterios academicistas. No caigamos en el error, tan común en los ilustrados decimonónicos, de pontificar a los campesinos lo que debían, o no, hacer, sin haber cogido jamás una azada. Hay experiencias de vida imposibles de imaginar sin haber pasado por ellas. El segundo motivo de la inutilidad de adherirse a múltiples escritos de protesta, por muy bien escritos que estén, es su irrelevancia práctica; no modificarán un ápice las decisiones del que detenta el poder real; ojo, no digo que no se hagan; únicamente pido realismo.
Decía que nuestras clases dirigentes no están a la altura; por tanto, no queda otra que recoger el testigo y ser nosotros quienes asumamos la responsabilidad de elaborar los planes y programas necesarios y ganar las mentes de la opinión pública para conseguir su respaldo.
Decía Uslar Pietri que el venezolano no conoce su historia. Quizá por ello, muchos venezolanos del exilio y del interior crean que Trump y María Corina Machado son libertadores redivivos al estilo Bolívar; desconocen la verdadera historia de este último, y aquellos que la conocen tienen grabado en su imaginario la necesidad de un mesías salvador.
Las espadas están en alto, en muchos aspectos; sin embargo, lo dicho en este artículo es válido sea cual fuere el desenlace de los episodios tal y como se dan en este momento.
Queridos hermanos venezolanos, Trump no salvará a nadie. Aplica al pie de la letra la Estrategia de Seguridad Nacional recién aprobada, donde busca sin tapujos el dominio de EE.UU. en el hemisferio Occidental, es decir, del continente americano. Si queréis ayudar de verdad a Venezuela, sed los primeros en exigir que el mundo hispano camine hacia la unidad. Pongámonos codo con codo a construir juntos el futuro, en vez de confiar en falsos mesías. No hay otro camino.
Autor Marcelino Lastra, Presidente del Círculo Cultural Hispanista de Madrid.
Publicado originalmente en laiberofonia.com
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