Mi tarea fue capacitar grupos de agentes censales y nos distribuyeron en equipos de dos personas para visitar una lista previamente organizada y concertada por ellos, de colegios en la ciudad de La Paz y capacitar a los últimos cursos, es decir, a las promociones. Recuerdo que nos dieron un televisor de 24 pulgadas que pesaba más que un ropero y teníamos que transportarlo cada día en taxi por toda la ciudad. Cada día eran dos talleres que duraban tres horas. Repartíamos boletas censales con un sello transparente de “no oficial” para hacer las prácticas de llenado. Había una campaña comunicacional intensa en medios masivos para preparar a la población sobre la importancia crucial de la honestidad al dar la información, la relevancia de un censo, el auto de buen gobierno, cómo tratar a un agente censal, qué es un área amanzanada, concentrada o dispersa. Mostrábamos los videos producidos con actores que personificaban un agente censal, un vecino, una vivienda tipo, un hogar de acogida, un hospital y otros casos especiales.

Entre las anécdotas destacables están que el grado de sensibilización mediática fue tal que había personas de la tercera edad que se vistieron con terno y corbata para esperar a su censador, señoras que hicieron refrigerio especial y alistaron su mesa de comedor con un bonito mantel para que toda la familia se sentara junto al censador que no tenía la instrucción de quedarse afuera, como ahora y su primera acción era solicitar que se presenten todas las personas que pasaron la noche en la respectiva vivienda para contarlos y separar el número de boletas censales necesario, luego debía solicitar que el grupo designe a su jefe o jefa del hogar para que otorgue los datos de vivienda, en muchos casos podía ser la hija o hijo mayor si los papás eran mayores, ausentes o no hablaban el idioma, lo cual ocasionó casos de jóvenes de 15 años con la crucial responsabilidad de responder la encuesta de vivienda.  No era necesario dar nombres ni apellidos.

Recuerdo que había una pregunta sobre la autoidentificación cultural donde se podía responder lo que uno decidiera sin lugar a cuestionamientos, esta pregunta fue la que ocasionó un interesante debate ciudadano en los meses previos al censo partiendo de preguntarse primero a uno mismo sobre su respuesta y quitarse el sueño analizando. Sin duda, esto ocasionó un fenómeno introspectivo que luego profundizó el debate sobre raza, racismo, etnia, cultura, los prefijos “pluri” y “multi”, y todo aquello que desencadenó la movilización de Felipe Quispe del año 2000, la marcha por la vida de 1990, la Ley de Participación Popular de 1994 y otros acontecimientos que significaban históricos avances hasta que llegó el 2006 que marcó el inicio de nuestra involución político filosófica.

El día que me tocó ser censada, el jovencito de 17 años que entró a nuestra casa tuvo que pedir bolsita para sus pasteles, sándwiches, galletas que cada familia vecina le había preparado como lo hacen para personajes ilustres en fechas memorables.

Otro recuerdo es que a mi amigo Nelson le tocó capacitar a los reclusos del penal de Chonchocoro, nos contaba que no podía evitar sentir miedo, pero le trataron muy bien y se portaron disciplinados en la capacitación.

Demás está afirmar que cada investigador, planificador, estudiante o quien simplemente desee curiosear datos, recuerda con mucha nostalgia y tristeza la página web del INE que se logró construir con los datos de aquel censo, entre otros previos al año 2006, que tenía una estructura respetable que retrataba a Bolivia en estadísticas medianamente confiables. Hoy en día es tal la carencia de información que muchas publicaciones de investigaciones en general desde libros, hasta revistas y periódicos, siguen citando aquel censo y sus respectivas proyecciones porque no encuentran datos debidamente actualizados de los censos de la era plurinacional.

Mi hijo tiene ahora 21 años y está en cuarto año de Ciencias Políticas en la UMSA, se inscribió para censar y a estas alturas no tiene asignado su manzano. Cuando reclamó que no le convocaron a la capacitación le dijeron que se autocapacite mediante la página virtual, lo hizo y tiene un mar de preguntas. Esta semana asistió a una reunión con los vecinos de nuestro condominio situado en Miraflores sur que tiene 270 entre departamentos y garzoniers, lo curioso es que solo tres personas asistieron a la reunión contando con la jefa de zona que también es una vecina, desde luego. En fin que estamos a dos días de la gran fecha y aún no sabe qué edificio le tocará censar. Me dijo que menos mal sí existen en otras zonas censadores que ya tienen toda la información y asignación respectiva.

Antes de estar perdiendo el tiempo en desfilar para recuperar el mar, nos toca recuperar el sentido de seriedad que parece alguna vez tuvimos para reencaminar el país con cierta dosis de dignidad.