A nada que sepas un poco de SEO o de las tendencias, y si por casualidad sufres del estómago, me dirás: “Claro, Nuria, es que en los cambios de estación hay más búsquedas sobre gastritis, acidez…”

Pues así es.

Pero fíjate que mi sorpresa surgía de mi ignorancia de lo que era SEO o Trends en aquellos tiempos.

Un artículo muy especial para personas muy especiales

Escribí ese artículo para un programa radiofónico que hacía para personas mayores.  Mi idea era contarles trucos para cuidarse con lo que hay en una despensa en casa y con los alimentos. De ahí surgió: La Despensa que Compensa, así se llamaba (y se llama todavía la sección).

Aquel sencillo artículo me quedó redondo, y aún hoy me da muchas alegrías.

Me da muchas alegrías porque “la estacionalidad de las estaciones” ha cambiado con el cambio climático, por un lado…

Por otro lado, porque la ampliación del cuidado del estómago incluyó más factores que nos pueden influir en todas las edades.

El estómago y su entorno

El estrés y aspectos emocionales como la preocupación excesiva, la falta de sueño reparador y el propio mal uso de fármacos, pueden incrementar el malestar estomacal.

Comidas familiares y comidas de trabajo: Estos son dos entornos temibles para quienes padecen del estómago.

Ese cocido o puchero de tu madre o de tu abuelo… “Esto levanta a muerto”, decía mi padre mientras a mí ver aquella olla me producía ardor solo con verla. 

Muchos pacientes me cuentan esto mismo de las comidas en casa de los padres o abuelos, y nos da la risa…  Así que hay que planear una estrategia que salve la situación del pobre estómago, porque se puede crear un conflicto familiar. Lo sé por experiencia…

Quizá te sientas identificado o identificada.. 

Una buena noticia para tu estómago (y para ti)

Cuidar el estómago es más sencillo de lo que parece si sabes lo que le va bien, lo que le va mal, lo “comprendes” y actúas en consecuencia. Al estómago hay que mimarlo. (No, no te vayas por mimarlo con exquisiteces… no voy por ahí).

Sufrí mucho del estómago desde los 18 años. Fue terrible, afectó muchísimo a mi vida en todos los aspectos. Hubo largas temporadas en que, no te miento si te digo, que hasta el agua me sentaba mal y era desesperante, terrible.

Aquello pasó. Aprendí a cuidarme y muchas lecciones de estas que la vida manda y no olvidas nunca. Mira gracias a, o por culpa de, aquello casi me lo sé todo… cuando alguien me dice cómo se siente, lo comprendo perfectamente. 

Comprendí el equilibrio entre los procesos mentales y físicos, entre la emoción y órganos concretos y que cuando estoy en fase de creación, estudiando o pensando “más” de lo normal, tengo que comer aún más suave, no olvidarme de comer…y  no dejar el estómago vacío más de 3-4 horas. 

Tengamos en cuenta que una cosa es gastritis y otra dispepsia. 

Te cuento.

Dispepsia o indigestión 

La dispepsia es lo que comúnmente llamamos indigestión (o empacho). Normalmente es temporal y se debe a haber comido mucho (y bebido también, quizá). 

El estómago ve superada su capacidad de llenado y de movimiento normal, se vacía muy muy lentamente y ya está el malestar: Hinchazón, náuseas, eructos, plenitud, dolor en la zona del estómago o epigástrica, gases. 

El pobre estómago… Le has dado demasiado de comer, has mezclado alimentos que no combinan bien como grasas, alcohol, bebidas gaseosas, ese postre maravillosamente empalagoso. Lo típico de después café, copa y puro. ¡Horror!

La indigestión es una mala digestión puntual. Una digestión muy muy lenta. “Como una boa me siento”, dicen algunas personas.

Se resuelve con tiempo: caminando para bajar la comida (ir al gym, no, algo ligero), bebiendo infusiones digestivas tibias, y dejando que el estómago repose y vaya vaciándose mientras el intestino recibe “la comilona”. 

Tras una comida así, lo siguiente que comas ha de ser suave y desde luego no inmediatamente ni a las 4 horas. No te lo pedirá el cuerpo. Tú observa… siente tu estómago. “No comas con los ojos”.

Quizá termines vomitando, que es la forma que tiene el cuerpo de aliviar tu exceso. 

Si eso ocurre debes beber agua no fría o una infusión digestiva tibia, y reposar. Si hubiera vómitos muy frecuentes entonces, el suero salino es importante, para evitar mareos por la pérdida de sales minerales.

Los niños cuando tienen indigestión y vomitan si no se les atiende bien, tienen aliento con olor a acetona. Esto no es bueno. Necesitan agua y carbohidratos sencillos. Zumo de fruta como pera, melocotón, agua de arroz o de avena, una papilla de cereales ligera. ¡Ah! Es muy importante no confundir con gastroenteritis provocada por algún microorganismo, los síntomas son otros, entre ellos, malestar general, fiebre, diarrea.

Un paciente de hace muchos años (Manolo) que trataba por una psoriasis artrítica, me contaba: “Mira Nuria, ya sé que me va fatal, y que me brota la psoriasis, pero algo tenemos que hacer porque el cocido de los domingos de mi madre me alegra el alma.

Hubo que pactar… y ofrecerle recursos. Pacto y recursos, no concesiones 100%.

Como he explicado una indigestión es algo puntual.Ten en cuenta que si te ocurre con frecuencia o tus hábitos crean indigestión habitualmente, lo más esperable será que desarrolles gastritis.

La gastritis 

Gastritis es una palabra que se refiere a la inflamación de la mucosa gástrica, es decir, de la pared interna del estómago.

Esta inflamación produce dolor, sensación de ardor, hinchazón, se puede acompañar de hiperacidez gástrica, digestión lenta, mal humor, rechazo de ciertos alimentos. 

En casos graves, la gastritis puede ser causa de úlceras en el estómago y/o en el duodeno. 

Si se acompaña de hernia de hiato es más probable que haya reflujo (gastroesofágico) y acidez porque el jugo gástrico, que es ácido, se moviliza del estómago hacia arriba, hacia el esófago y puede incluso afectar a la garganta. 

Muchas personas con dolor de garganta y afonía crónica pueden tener gastritis crónica.

La gastritis no es baladí.

Hay que cuidarse.

Revisar los hábitos de alimentación, las fuentes de estrés y de preocupación, el descanso, dejar de fumar y el alcohol, revisar alguna medicación y aprender a comer bien.

Evita los alimentos grasos, fritos, ácidos, los picantes fuertes, los licores, el azúcar, las bebidas gaseosas.

Usa enzimas digestivas y complementos de plantas especiales, yo lo hago 

Lleva un ritmo de comidas.

Busca tiempo para ti. Meditar o simplemente respirar tranquilo unos 10 o 15 minutos al día sin que nada te moleste, es importante.

Haz ejercicio: desfoga.

Revisa tu vida personal y laboral.

Ten un hobby que te permita descansar la cabeza y desconectar.

Cuidado con los fármacos.

Y aquí viene algo importante: Haz buen uso de los antiácidos y/o “protectores” gástricos. Tomarlos de manera continuada rara vez tiene sentido y además tienen efectos secundarios.

Otro día hablamos de esto.

Por último: evita comer mucho o alimentos a los que no estás acostumbrado en las comidas de trabajo. “Come ligero y pensarás mejor”. No pasa nada por pedir algo sencillo. Dejémonos de aparentar… 

Evita discutir o tratar temas delicados durante las comidas.

Como ocurre en las fiestas familiares ocurre en las comidas de trabajo o eventos en que “te juegas algo”: O rebajas la carga emocional y mental o sobrecargas tu estómago.

Al fin y al cabo:

El cerebro procesa ideas, datos. Pensar es procesar, crear implica procesar. 

El estómago procesa… alimentos.

Ambos necesitan energía y sangre suficiente para el proceso.

Y, por decirlo de manera simplificada: No hay para todo al mismo tiempo. 

Tenlo en cuenta. 

Pensar o digerir, That is the question.

“Frugalidad, simplicidad, modestia” son virtudes que los antiguos maestros, como Confucio, nos recomendaban.

¡Feliz digestión!

Más info