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Casi siempre una institución que llega a brillar tuvo en su inicio o en sus tránsitos, un personaje singular, un individuo, que la hizo brillar. Lo que facilitó que sus continuadores obtuvieran todo el provecho posible y, + adelante, que sus subcontinuadores iniciaran en ella esa decadencia y mediocridad “natural” a las instituciones sociales (no hay otras). Quien talvez mejor eso describió absolutamente (a escala humana), fue Aristóteles y su dialéctica dicha: “generación y corrupción”.
2
Un rector “genial” crea una Universidad destacada. Sin una “figura-señera”, nunca ha habido Universidades trascendentes –desde que Platón lo hiciera en la “Academia” (palabra hoy bastante corrupta).
En Chile hay eso llamado “Universidad de Chile” –no el título sino el significado para toda la historia de mi país–, porque vivió un tan Andrés Bello.
De lo contrario, habría desaparecido hace rato –y ni siquiera hubiera sido necesaria la política nacional “neoliberal” de Chicago-en-Chile en los ’70 del “siglo XX”, para disolverla.
Hoy esta misma Universidad sólo sabe tener rectores mediocres. Académicos “destacados-y-del-montón”. Llega uno y se va; llega el siguiente…, y el “prestigio” se mantiene mirando al pasado (o haciendo fintas a los grandes grupos económicos transnacionales).
3
Hay una excepción. Y doble. Y seguramente su nombre “sacará roncha” –como se dice “en-chileno”. Quiero decir, en este “siglo XXI” (notación cargada de tradición, hegemonías y decadencias propias), una Universidad chilena “hija-de-la-reforma-en-dictadura-neoliberal”, mantiene, en su rectorado, a la única figura de “líder-cultural” de todas las universidades, estatales o privadas, de los últimos 40 años, en el actual pedazo de América llamado: “l’isla de Chile”.
Al parecer, en este extremo austral del planeta Tierra, la longevidad de los rectorados algo dice de su calidad. Andrés Bello gobernó a “la-Chile” por 22 años ininterrumpidos. Hoy, la Universidad (privada) Diego Portales –fundada con ese nombre para honrar, en los años ascendentes de la dictadura de Pinochet, la parte “derechista, autoritaria y reaccionaria” de este héroe nacional, lleva 18 años ininterrumpidos teniendo como rector al abogado y doctor en filosofía, Carlos Peña González. Y nada hay en los horizontes de la competencia académica actual, ni en el banal “juego” de los partidos políticos actuales, que “amenace” el que Peña supere a Bello en longevidad rectoral.
4
De Andrés Bello se dice (decía, o “pelaba”, mi examigo Pablo Solari), que más bien dedicaba abundante tiempo del rectorado persiguiendo criollas. Que el “peso” del rectorado lo llevaba su segundo Ignacio Domeyko –cosa que podría tener “asidero” cuando se sabe que Domeyko sucedió a Bello y duró 16 años más…
Pero Bello también hizo innumerables obras para la naciente cultura-republicana del infantil “Chile” de la primera mitad del “siglo XIX”. Y tuvo tiempo y dedicación para una obra filosófica gruesa –que varios colegas del “XX” y “XXI” han querido “rescatar”…
De Carlos Peña: no solamente permanece orientando todo un verdadero “proyecto-universitario” –el único de l’actual nación-del-Sur que merezca ese título–, redireccionando la UDP de la hija-predilecta-del-neoliberalismo años ’80, hacia una institución liberal casi en un sentido filosófico –por su promoción de las “libertad-de-cátedra”, “libertad-de-organización-interna” de profes, estudiantes y funcionarios, “pluralismo-intransigente”, “internacionalización”, …–, sino que “se-da-el-lujo” de estar guiando la “opinión-pública” chilena y a todas la elites políticas con poder. Y semanalmente por… –no encontré el dato ni en San Google–, quizá más años que como rector.
5
Una vez, espeté a M. José López, una profesora actual bastante mejor que mediocre de la Facultad de Filosofía en esa U. de Chile, lo siguiente:
–No te va a gustar. A ti que llevas el “Egresado, maestro, estudiante/vibra entera la Universidad” –primer verso de su oficial himno–, nada te gustará lo que debo decirte. Pues si Andrés Bello fue el señero rector que creó el espíritu y la fuerza cultural nacional de la Universidad chilena en el “siglo XIX”, hoy (la conversa ocurrió el año 2014), esta misma función de “crear-Universidad”, no la cumple nadie acá, sino que la está realizando ese personaje, C. Peña, en esa irritante “universidad-privada-no-pública” (o sea, en tu lengua más bien, secundaria, de negocios), llamada “la-UDP”.
- José tornose roja de rabia, lo noté. Y sólo respondió:
–Tú ’stai loco…
6
Dentro de la UDP, hay tanta corrupción academicista como en la U. de Chile. Si en la Facultad de Filosofía de la segunda, dominan los woke-people (aunque creo que, no tanto: solo llegan a wo…-people), y dominan dogmática pero no excluyentemente las doctrinas “más-progre” que van quedando en el planeta, en la primera, su “profes-de-filosofía” le-dan-con-el-mazo a los paper & otros vicios –y luchan-sin-cuartel entre ellos por cada peso de proyectos chilenos y extranjeros que logran descubrir.
De hecho, yo traspuse el trozo de una charla que Peña dio a “sus-profes” en una actividad interna del Instituto de Filosofía de la UDP el año 2024 –cuando les “tira-las-mechas-sin-anestesia” ni eufemismos academicistas–, y lo publiqué como Contratapa de mi libro <Filosofar o hacer historias de las filosofías> de ese mismo año.
7
¿A dónde quisiera llegar? A la diferencia entre calidad y mediocridad; entre verborreas y retóricas bien elaboradas (siguiendo, ahora, a Aristóteles).
¿Y para qué? Pues porque advierto que el “mundo-del-siglo XXI” no posee proyecto de porvenir. Solamente da vueltas alrededor de lo que “una-vez” fue valioso y hoy decae, año a año –impotente de señalar a los pueblos, los desafíos para sostener un planeta habitable y a sus habitantes humanos con vida y casi-felices…
Un rector puede ser un funcionario-institucional con un sueldo envidiable y chofer, o resultar un líder cultural. Y una Universidad puede ser un establecimiento de negocios-con-el-conocimiento, o una organización vital donde se trabaja por “amor-al-saber”, y por algo así como el deseo de compartir saberes para el porvenir. Por eso acogiendo generosamente a las nuevas generaciones de habitantes planetarios (bajo el sol).
Andrés Bello lo hizo hace unos 200 años. Carlos Peña lo intenta hoy mismo –esta mañana, visitando, sin aviso, la expo de la obra de otro vistoso-y-rebelde: Pedro Mardones, conocido como “Lemebel”…
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