Europa está que arde
Desde hace unas cuantas semanas, varios países de Europa se confrontan con enormes incendios. Si el infierno se asocia con fuego, el continente vive un verano realmente infernal.
Desde hace unas cuantas semanas, varios países de Europa se confrontan con enormes incendios. Si el infierno se asocia con fuego, el continente vive un verano realmente infernal.
En respuesta a los incendios sin precedentes que azotan a Suramérica, con varios millones de hectáreas ardiendo en la cuenca del Amazonas y en otras partes del continente, Amnistía Internacional ha publicado una carta abierta dirigida a las presidencias de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú.
Una de las comunidades indígenas de la cuenca amazónica boliviana es Trapicheponte, que corresponde al pueblo leco cuyo idioma está en peligro de desaparecer y tiene hermosas tonalidades para decir por ejemplo bienvenidos, que se pronuncia “Laiss werajia”.
Éste artículo no pretende justificar acciones como la quema de grandes extensiones de selva en el amazonas, a manos de empresas ganaderas y agrícolas, con sus cuestionados monocultivos, sino ofrecer una explicación de los incendios forestales normales desde el punto de vista de la ecología.
Si la Tierra arde, América Latina y elCaribe son como brasas: son de las regiones del planeta más afectadas por elcambio climático. Las prevenciones anti-riesgo regionales sufren de insuficienciacrónica.
En el año 2019 la preocupación por los incendios en la Amazonía estaba en el debate mundial, claro que todos mencionaban a Brasil y muy pocos a Bolivia, pero no importa, la biodiversidad regional es la que parecía preocuparles lo cual está muy bien.
Líderes indígenas de la región amazónica de Brasil califican los devastadores incendios como una “plaga” aterradora.
A propósito de los múltiples incendios en Galicia, la isla de La Palma, California,…, terremotos de México, Italia, Birmania y muchas otras catástrofes.
Es apremiante un nuevo concepto de seguridad. Disponemos de todos los artilugios para la guerra y carecemos de lo más elemental para la paz: incapaces de cuidar como se merecen los bosques y las tierras.
El pasado 9 de julio Greenpeace publicó un informe donde recreamos el verano que no nos gustaría que ocurriera. Un verano como el de 1994, con cientos de miles de hectáreas quemadas, espacios naturales de valor afectados, cuantiosos daños materiales y pérdida de vidas humanas.