Navegando anda mi barco
al puerto de las ilusiones.
Bajo la negrura del oscuro cielo
resiste al impetuoso viento,
que lo abofetea sañudamente.
Con el ancla fluctuante y una proa
que casi aniquila mis esperanzas,
no veo sino muerte en cada segundo
de mi descanso;
y aunque en el horizonte mis ojos
no vean todavía la luz del faro costero,
mi mente ya la contempla.
No puedo rendirme,
Soy viajero que huye del cataclismo mental,
soy profeta de mi ahora,
soy capitán de un barco de sueños
que parecen imposibles.
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