“La codicia desenfrenada” ha tenido consecuencias extremas.
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2011 ha sido un año no tan aciago porque, por primera vez en la historia, “Nosotros, los pueblos…”, como se inicia la Carta de las Naciones Unidas, se han hecho realidad a escala local y global.
Uno de los problemas de las baterías que actualmente circulan en el mercado son los componentes nada ecológicos con las que están fabricadas.
La Organización de Naciones Unidas pone cara a los cerca de 4.000 millones de personas que viven en la pobreza energética, sin acceso a servicios eléctricos en pleno siglo XXI, al declarar 2012 el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos.
La degradación del planeta es tan grave que ya no es posible el desarrollo sostenible, un término acuñado en los 80 que ha perdido hoy su significado, por lo que ya solo cabe el “desarrollo regenerativo”, defiende Herbert Girardet, Premio Global 500 de Naciones Unidas, considerado el Nobel de Medio Ambiente.
Reconociendo la importancia de la energía para el desarrollo sostenible, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha proclamado el año 2012 Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos.
De la mano de los organismos internacionales, las pautas marcadas para buscar solución a los problemas globales se orientan cada vez más por la senda del desarrollo sostenible. La tendencia es clara.
La Confederación Europea de Sindicatos (CES) reclamó ayer a la Unión Europea (UE) un compromiso para la reducción de emisiones contaminantes “más ambicioso” que el acordado en la cumbre de Durban (Sudáfrica) sobre cambio climático.
No podemos seguir distraídos, ensimismados, espectadores timoratos del inmenso fracaso anunciado de un sistema que, intentando perpetuarse a pesar de la zozobra en que se halla, recurre a todos los medios imaginables para mantenernos inactivos, entumecidos, incapaces de reaccionar, de expresar nuestras protestas y propuestas, nuestros disentimientos, nuestros acuerdos.
Aumentar el objetivo de reducción de emisiones de cara a 2020 del 20% al 30% aportaría beneficios económicos, ecológicos y laborales, según el estudio ‘Trajectoires 2020-2050: vers un économie sobre en carbone’ del economista francés Christian de Perthuis.

