Covid-19: ojalá que…
Hoy hace justo una semana que se declaró el estado de alarma en España.
La libre opinión de ciudadanos críticos dispuestos a escribir
Hoy hace justo una semana que se declaró el estado de alarma en España.
Con mayor o menor ímpetu según cada país, estamos en plena guerra contra la pandemia del coronavirus, pero ya empiezan a asomar escenarios del día después. ¿Será la clase media la gran damnificada?
En estos días vivimos una guerra dónde nos enfrentamos a un enemigo “invisible”, en esta guerra como en todas las guerras, hay cientos de héroes que luchan en silencio hasta el cansancio y lamentablemente en muchos casos, hasta la muerte.
Todo comenzó en una ciudad China a mediados de diciembre de 2019. Nadie pensaba, en esos momentos, el grave problema sanitario y económico-social que se avecinaba.
No tengo la intención de actuar como un terrorista intelectual socavando los fundamentos médicos del decreto de alarma, y de hecho cumplo a satisfacción con la obligación de estarme quieto en casa.
Si bien la historia de las migraciones en el mundo ha marcado hitos entre las colonizaciones, los asentamientos y los desplazamientos con o sin guerra, a mediados del siglo 20 el campesinado del mundo empezaba a plantearse la vida en la ciudad como horizonte, meta y proyecto familiar, atraídos por la industrialización de la vida.
Tenía el Premio Cervantes, el más prestigioso galardón de las letras en español. Tenía el Premio Nacional de las Letras, el Premio Castilla y León de las Letras y hasta una medalla concedida por el Papa.
Desde hace más de un mes los agricultores de toda España se han echado a la calle en defensa del aumento de los precios de sus productos en origen, ya que los que los que cobran actualmente les obliga, en algunos casos, a vender sus productos agrícolas incluso por debajo del precio mínimo lo que le conlleva a vender con pérdidas.
Según el diccionario un «empotrador» es una pieza, de diferentes formas y tamaños, que los escaladores utilizan para asegurar la cuerda a la roca durante el ascenso. El uso popular ha jugado con la palabra y la ha reconvertido en el varón capaz de conseguir, en la fantasía y simbología sexual, una escalada plena, completa e imperiosa; cosas de los homónimos y de las metáforas.
Sinceramente, si hubiese posibilidad de salir en un cohete a otro planeta con garantías de supervivencia, solicitaría una plaza.