De los aproximadamente dos billones de dólares que se mueven diariamente en transacciones financieras en todo el mundo, cerca del 80% de los mismos corresponden a capitales o fondos a corto plazo. Con semejante magnitud, este tipo de operaciones tienen una importancia de primer orden en la escena económica mundial.
De la mezcla entre el respeto con el que se analizan en el ámbito económico y del rechazo que provocan en el sector de la antiglobalización, ha surgido el apelativo de “capitales golondrina”, en alusión a su elevada volatilidad.
En cualquier caso, las sucesivas crisis financieras vividas durante los años 90, han acabado por crear una conciencia generalizada sobre la necesidad de una nueva arquitectura financiera internacional, que tienda a proporcionar un funcionamiento más equilibrado y una mayor estabilidad global.