Allá voy, Señor: con el alma herida,
adolorida y enferma voy;
cargado del peso de una conciencia
que me reprocha voy.
Ya cansé senderos humanos
en busca de una cura
y solo me topé con ojos que desechan
y bocas que culpan
porque grande es la úlcera
de mi rebelión contra ti.
Pero allá voy, oh, buen médico,
al hospital de tu gracia voy.
Ábreme las puertas de tu perdón,
dormir acepto en las camilias
de tu reprensión y, aunque me cueste
y duela, soportaré las agujas de tu verdad
y beberé la receta de tus consejos.
Allá voy, Señor…Ven a mi encuentro,
ya no quiero ser igual
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