Hace unos años visité el campo de concentración de Dachau, cerca de Múnich, e hice un artículo en el que daba a entender, entre otras cosas, la conveniencia de mantener abiertas este tipo de instalaciones para que sirvan de recordatorio de todo aquello que el ser humano nunca debe cometer. Nunca, nunca, nunca.
Pero he aquí que, mientras instalaciones como Auschwitz siguen abiertas al público, en Palestina se está llevando a cabo un terrible genocidio. Bombardeos a hospitales, a escuelas, a instalaciones de la ONU y tiroteos a civiles mientras van a recoger comida. Sí, sí, comida, de ahí que ya veamos imágenes de niños desnutridos a los que se les niega el pan y la sal.
Entonces…,¿qué hipocresía es esta? Recordamos por un lado que esto jamás se debería volver a repetir, y por otro lado no exigimos de forma contundente que criminales de guerra como Netanyahu siga en el poder respaldado por Donald Trump y Úrsula von der Leyen (Estados Unidos e Unión Europea respectivamente).
Así es, no iré a Auschwitz ahora pero espero hacerlo algún día, más pronto que tarde, ya que eso significará que genocidios como el palestino, entre otros, han dejado de existir.
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