La libre opinión de ciudadanos críticos dispuestos a escribir
Absoluta indignación y rechazo frente a la violencia contra las mujeres que no cesa.
Juan desde España nos expone su visión y deseos para el Nuevo Año.
Continuamos con la tradicional publicación de los deseos de nuestros colaboradores, con los que nos envía Patricia desde Guatemala.
Como cada año por estas fechas, es tradición que las personas que han escrito en la revista nos transmitan sus mejores deseos para todos. Comenzamos éste año desde España, con el deseo de Marisol Moreda.
España es un país de sentimentales, de eso no se escapa ninguna de las viejas nacionalidades que la componen.
A primeros de este siglo, allá por el año 2001 o 2002, apareció un juguete que era un peluche robot bajo el nombre de Furby. El bicho mecánico tenía la facultad de decir algunas frases según el momento; incluso era capaz de “aprender” de los propios niños. Su inteligencia artificial básica apoyada en una programación elemental permite una simulación de aprendizaje comunicativo y dar la apariencia de que concibe un carácter y personalidad propia. Los Furbys empiezan hablando únicamente en «Furbish», un idioma propio de pocas palabras, de expresiones simples y sonidos varios, pero está programado para hablar cada vez menos «Furbish» y más en el idioma del país de implantación. Una de las frases y acciones ya incorporadas por el fabricante «Tiger Electronics» era la de aparentar asustarse cuando se apagaba la luz y lanzar un quejoso y asustadizo: ¡Uy, qué miedo!
Como tantas otras cosas en España, la justicia – lo escribo con minúsculas para no confundirlo con el principio moral – precisa de un arreglo en profundidad. Este fin de semana ha sido muy activo en cuanto a las justas reclamaciones para denunciar que la administración de los tribunales necesita más medios y más funcionarios. Porque las justicia española es lenta, muy lenta y, a tenor de lo que dicen algunos, vulnerable por la parte de atrás.
Olvidar es una palabra triste, vacía como su propia consecuencia. Significa borrar los recuerdos y por tanto las experiencias, sean buenas o malas. Se repite a menudo que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Pero en algunos casos, el olvido, además de sano se convierte en un término altamente generoso y necesario.
Para empezar y para que nadie se confunda, en este artículo no pretendo insultar ni violentar a nadie sino adjetivar convenientemente ciertas actitudes. Porque si alguien pretende arreglar lo de Catalunya con represión y ejemplares escarmientos, no sólo está equivocado sino que, además, tendrá parte de responsabilidad en el cataclismo.