El debate a dos
Está claro que el debate a dos del otro día era toda una declaración de intenciones para ratificar a los dos candidatos a la presidencia. O tú, o yo, era el lema.
Está claro que el debate a dos del otro día era toda una declaración de intenciones para ratificar a los dos candidatos a la presidencia. O tú, o yo, era el lema.
Eso decíamos en los años setenta cuando los grises asomaban sus porras buscando una manifestación para limpiarla de pecadores.
Estamos frente a una disyuntiva en la que nos jugamos mucho; sobre todo, las gentes que aspiramos a una sociedad igualitaria en género y en derechos, libre y tolerante.
La memoria es débil y perezosa, pero si a eso añadimos la ignorancia –vean que no digo maldad–, convierten al olvido en el icono de los imbéciles.
Ya nos advirtió Sócrates que aprender significa humildad y que debemos de ser capaces de analizar, con sapiencia y sin rigor, la pureza y autenticidad de nuestros conocimientos.
La presentación de una nueva moción de censura por Vox con Ramón Tamames como candidato a presidente es un esperpento político.
Esta no es una historia de amor aunque estemos cerca del catorce de febrero. Tampoco el tipo que facilitó las dimensiones de gálibo de los túneles cántabros a Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) es Clint Eastwood ni la ministra Raquel Sánchez nada tiene que ver con Francesca Johnson, la ama de casa que interpreta magistralmente Meryl Streep, pero existe una concomitancia entre una cosa y la otra, algunos funcionarios están todavía anclados a la época de los puentes que retratara el personaje de Eastwood.
Nos van saliendo enemigos por todas partes. Sobre todo a Madrid. Y no lo digo por la adversidad que le ha caído a la capital con el gobierno y el inevitable y necio protagonismo de su presidenta regional.
Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol es un gandul. No lo tomen a mal, no crean que le insulto. Es así. Tampoco me refiero al arbusto de ese nombre, un papilionáceo de ramas vellosas y hojas lanceoladas. Me refiero a la simpática acepción del adjetivo holgazán.
¡Ay!, si Sagasta levantara la cabeza y viera el nivel dialéctico de los diputados actuales.